No es igual madrugar que amanecer, la diferencia es una resaca de muerte, una mañana de promesas de no volver jamás a dejarte llevar y el único deseo de llegar a casa y dormir varios días. A esto me refería con amanecer.
Madrugar ya es otra cosa, no es lo de levantarse temprano para ir a trabajar, eso es una putada obligada y aunque me encanta mi trabajo debo admitir que odio el sonido del despertador.
Pero levantarse temprano como hice el domingo para llevar a C al aeropuerto porque se volvía a Madrid, no era muy agradable porque detesto las despedidas y sabía que voy a echarla muchísimo de menos.
De regreso a las Palmas de Gran Canaria, pensé hacer unas fotos y paré en un par de sitios, están hechas entre las 06:00 y las 07:00 horas y casi todas desde dentro del coche.
Gran diferencia el significado de estas palabras, su sentido y su finalidad.
Me recuerda a la diferencia entre conceptos como ocurrente e inteligente.
La ocurrente por naturaleza se considera simpática, lista y divertida; copia y aunque intenta resultar espontánea y original, no suele conseguirlo. Su fuente de inspiración somos las otras.
La inteligente es versátil, se queda patidifusa ante los comentarios ocurrentes, diferencia sin problemas entre la pose intensa de la verdadera clase. No hace burla del físico ajeno poco agraciado, pero no puede con lo feo. Parece superficial, pero quiere que la vean así para poder mezclarse y no excluirse.
Está al cabo de la calle en cuanto a tendencias postmodernas relacionadas con temas de género, sociales y artísticas.
Viste bien pero no publicita marcas.
Lee literatura seria (nunca libros de autoayuda), también puede leer el HOLA, no siente ningún pudor al reconocer que disfruta con los realitys o con programas de cotilleo.
El amanecer y la ocurrente dan el mismo horrible y persistente dolor de cabeza que puede llegar hasta la naúsea.
El madrugar y la inteligente dan sensación de aprovechamiento de la vida y del tiempo, de voluntariedad y libertad, si quiero madrugo y si no me quedo tan ricamente en la cama.
