Dada la complicada situación de crisis (económica y de libertades) que atraviesa nuestro país y la crisis (entendida como cambio) que atravesamos algunas, se hace habitual el pensamiento peregrino de emigrar a algún lugar lejano y comenzar de nuevo.
No se trata de huir de las realidades de cada una de nosotras, sino de buscar nuevos destinos que ofrezcan oportunidades de felicidad.
Con todo ello el problema que surge es la elección del lugar, porque no es lo mismo irse a Nueva York y montar un carrito de tortillas variadas, que marchar a Canadá y enfundarse la camisa de cuadros en medio de un bosque lleno de osos.
Si te vas finalmente, también hay que pensar en algún modo de supervivencia y nada mejor que explotar el tópico "spain is different", así que no es mala idea comprarse un traje de gitana por si las cosas se ponen feas y hay que dar el cante y el baile en la calle.
Si a todo esto le sumas la posesión de una simpática mascota (perrito o cabrita lechera), pues las posibilidades de triunfo (comer todos los días y pagar un alquiler) pueden ser más halagüeñas.
Y no piensen mal, que no me he fumado nada. Es que anoche tuve una larga y divertida conversación sobre los países susceptibles de recibirnos e hicimos un viaje por medio mundo tremendamente interesante y productivo.
Creo que como idea es buena y como realidad sería mejor, pero nos siguen faltando ovarios para decir adios a mi trabajito, a mi casita, a mis comodidades aburguesadas y partir hacia la verdad.
Cuántas de nosotras no hemos pensado alguna vez, en quien nos hemos convertido con el paso del tiempo, y reconocemos que hace años ni siquiera podíamos imaginar lo acomodaticias que nos volveríamos.
Me estoy volviendo rebelde (que diría mi madre) y cada día me indigno más ante la pasividad que nos rodea a todas.
Volemos y que no sólo sea con el pensamiento.
Gracias MO por la inspiración.
