Cuando te llega una mala noticia de un país lejano, a través de las redes sociales y de los periódicos digitales, se te encoge el corazón, y si además hay personas a las que conoces y quieres, implicadas en la tragedia, el miedo te engulle.
Lo ocurrido el sábado pasado en Nairobi es una muestra más de la sinrazón que acumula la violencia en nombre de fundamentalismos y radicalismos. Que la muerte de inocentes es injustificable, que no se puede ni se debe agarrar un arma y disparar a diestro y siniestro, indiscriminadamente.
Tantas personas muertas, heridas, familias destrozadas ya para siempre, recuerdos imborrables para quienes han sobrevivido.
Ni siquiera aquellas personas más positivas y capaces de controlar emociones, podrían sacar ningún aprendizaje, de un hecho deplorable, injusto, abusivo y vergonzoso.
Esta barbarie solo aporta dolor a la gente de bien y más odio a los que la han perpetrado y a quienes les apoyan.
Mi pensamiento y cariño para las víctimas y sus familias.
Especialmente para S y D (Las queremos mucho)

