Esa palabra que se convierte en algo insulso según en que bocas, la asertividad.
Saber y ser capaz de decir no, de decirlo sin herir, sin provocar enemistad y sin sentirse culpable.
No es fácil, pero más difícil es no hacerlo y quedarse en un terreno complicado que no es el de nuestras expectativas.
Escucho, y seguro que nos pasa a todos/as, contradicciones, palabras vacías de contenido sentimental y práctico.
Injerencias en vidas ajenas que con el barniz de la buena intención, no son más que reproches velados y desconfianza.
La denostada y vapuleada palabra libertad, convertida en bandera de displicentes malhumorados que llevan como escudo la desilusión contagiosa escondida entre discursos de modernidad, hipsterismos y otras banalidades.
Basta de excusas que sólo hacen de bálsamo de Fierabrás, basta de consejos inútiles que pretenden frenar la creatividad y la ilusión.
Hoy no tengo un buen día, pero esto es pasajero y todo se pone en su lugar, nunca solo ni con tiempo.
Las cosas cambian como queremos cuando nos levantamos, las tomamos y las cambiamos de sitio o las eliminamos.
