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jueves, 6 de julio de 2017

382.- ORDINARIEZ CANICULAR.


A mí cuando llega el verano me entra una especie de desazón, ansiedad, calor, complejo, orgullo, desorden  y caos en general.

Desastre canicular que no se me pasa hasta el 15 de septiembre, fecha en la que ya se que las navidades las tenemos encima.

En fin, que a mí el verano me parece un asco que evidencia el cambio climático, la ordinariez, las miserias físicas propias y ajenas, olores corporales, ropas manchadas de sudor y de protectores solares, pelos pegados a la cara y encrespados por la humedad.

Insisto, el verano es la época del año más horrible de todas y que cada vez se alarga más debido a que un ente se ha cargado el equilibrio natural del planeta y ya las cuatro estaciones que nos enseñaron en el colegio, son un recuerdo del pasado en el que la nieve, las hojas cayendo de los árboles, las flores brotando en los verdes prados y la sombrilla a la orilla de una playa tranquila, evocaban delicadamente esos cambios climáticos naturales y sanos.

Ahora pasamos del calor al achicharramiento para volver a cierta brisa, algo de lluvia que seguro es ácida, ciertos fríos que nos ponen ansiosas de abrigos, botas y medias y de nuevo, el calor y el cocimiento general.

Canadá, Islandia, Groenlandia, son destinos que me atraen como un imán y que me ponen más que la vecina del quinto (por decir algo, porque aquí no hay quinto). 
Mientras decido sobre la emigración, me hago adepta y adoradora del aire acondicionado, soy una especie de Testiga del Aire Acondicionado, o Evangelicondicionada.

Lo mejor de todo es llegar a casa y quedarte en bolas  ropita linda de Oysho, tener contratado Netflix, Coca Cola light en la nevera y tumbarse al aire corriente o acondicionado que mientras no suba de 18º me va de puta madre perlas.

También está el tema del Orgullo LGTTTBIQ que a mí me toca por muchos lados y que celebro y recelebro, pero que debería ser en otra época, porque es más de lo mismo en cuanto a sudores y olores y yo que soy de mucho confraternizar, me siento impedida para unirme a estas manifestaciones reivindicativas y festivas, básicamente porque no puedo con mi alma deshidratada.

Un día de este fin de semana hay una quedada bicicletera transgénero y otra lésbica, y yo iría encantada a cada una de ellas, pero me veo tirada en la cuneta con mi preciosa bici vintage y los sanitarios reanimándome con suero salino.

Y la playa, ¿qué me decís de la playa?. Primero encuentra una que tenga los siguientes requisitos que son imprescindibles:
  • Que haya poca gente, mejor desierta.
  • Que haya un chiringuito cerca, pero no demasiado. El chiringuito debe tener cerveza helada, agua y refrescos helados, arroces, pescaditos y olivas de las buenas.
  • En la playa debe haber hamacas y sombrillas con cierta distancia unas de otras.
  • Tiene que haber duchas limpias y aseos.
  • La playa debería ser nudista, pero si es téxtil nos adaptamos y si es nudista también.
  • La arena finita y clarita mejor.
  • Sin niños.
  • Espacio para Lola que es nuestra perrita y siempre nos acompaña.
  • Sin músicas individuales de cada usuario, aunque en el chiringuito puede haber música chillout.
Yo pondría alguno más, pero no quiero parecer exigente.

El tema de bañadores y bikinis lo voy a obviar, porque si estás gorda, que es mi caso, pues un bañador negro o desnuda en la playa que describía.
Y si no, algo amarillo que dice una amiga que siempre está bien. 

Y un bañador negro da calor, es como ir de luto a un entierro con 40º de temperatura, medias y pañuelo en la cabeza. Porque además del bañador cuenta con la pamela, el pareo, el bolso, la toalla, el libro y las cremas.

También está la opción de la piscina, pero esa me la salto. Sólo voy a la piscina si es la mía.

Que me dan mucho asco todos los residuos y no me extiendo en esto.

En fin chicas, amigas, lectoras, seguidoras, familia y grupito verdecutremix que me leéis apasionadamente. Que tengais un verano lo más digno posible.