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miércoles, 26 de junio de 2019

519.- CANTA, NO DEJES DE CANTAR.




¿Sabéis cuándo escucháis canciones y la música y la letra parece que hablan y suenan a vuestra vida?

Llegamos a sentir que quien ha compuesto la letra y la música hablaba de nosotras, que había vivido nuestra historia y sabía cómo pensábamos, cómo amábamos, cómo  acariciábamos, cómo  entendía nuestro cuerpo y sabía que cuerda tañer, para hacernos sentir y desear que la vida acabara en ese preciso momento.

Porque hay momentos que deberían ser toda una vida, en los que la tierra debería detenerse y dejarnos inmóviles, sin más. Porque esos momentos son únicos y nos convierten en personas únicas.

Y no necesitamos nada más. No existe nada más allá ni más acá.

Y sólo somos nosotras y nuestros pensamientos y sentimientos.

Es la música que nos envuelve, que nos abraza y nos encuentra por fin. Y entonces sabemos que será el único y eterno consuelo. Y que nuestras lágrimas y nuestras sonrisas serán  lo único importante, la batuta y la clave que nos guiarán hasta ese camino en el que encontrarnos y olvidarnos de lo banal y lo superfluo, que no siempre es deseable.


E incluso las amantes incondicionales de la trivialidad, de aquello superfluo e inane, nos reencontraremos con el fundamento, con las bases de lo que nos ha conformado como personas, cómo gente de bien, con sentimientos y valores. Y entonces, con ese ritmo que nos reencuentra en la senda de la verdad, entonces escuchamos aquello que parece estar compuesto para nosotras, sólo para nosotras. Y ya no hay más.

Y ahora os propongo escuchar, con los oídos, con la piel, con los labios, con la punta de los dedos. 

Y aquí os dejo unos pequeños regalos para sentir.

Tú me acostumbraste y no te olvido nunca.

Esta mujer ya no me gusta como antes, parece haberse convertido en la hija adoptiva de Esperanza Aguirre, pero hay canciones que son yo.

Y por mucha fuerza que hagamos, por mucho empeño que pongamos en ello, hay cosas que son imposibles.


También está lo imborrable, aquello que por mucho empeño que se ponga no existe nada que me obligue, y que esto es así nenita.

Y el hierro firme que me hizo, que me formó, que me levantó. Y gracias a él tengo lo más importante que me levanta cada día.


Y esto ha sido un regalito para animaros a estar, a seguir.

Felices treinta y dos vida mía. De tres.

Y acabamos de fiesta.