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domingo, 1 de marzo de 2015

306 - EXCESO


Que me hago mayor es innegable y notorio y que continúo teniendo actitudes inmaduras es obvio. Esto contribuye a no parecer una señora mayor y a que mis canas parezcan más una broma que una consecuencia.
Con el tiempo se adquieren costumbres, manías, poses y rutinas con las que se convive felizmente y que contribuyen en mi caso a estar encantada de haberme conocido, porque no me gustan ni la falsa modestia ni el hipócrita victimismo.
Este auto halago es el preámbulo que considero necesario para escribir sobre los excesos inapropiados, que algunos adecuados si que hay.
Comulgo plenamente con la frase "prefiero pecar por defecto que por exceso" o la que es igual "prefiero quedarme corta que pasarme".
En realidad es todo al revés y la mayoría suele decir "mejor pasarme que quedarme corta" que es una variación de "más vale que sobre que no que falte".
Últimamente veo, escucho y sufro a personas que se exceden y exageran sus comportamientos, gente que da por sentado cosas, por indicios que sólo ellas ven, gente que se mueve por las vidas de los demás tratando de olvidar así la propia. Salvapatrias, salvavidas que ni siquiera conocen lo más superficial y trivial de mi vida.
Personajillos y personajillas que van derramando sus excesos de palabrería, de estúpida generosidad, de amabilidad y sonrisas deshilachadas, de tolerancia perdonavidas y solidaridad perversa. Todo este vertido se asemeja a la pegajosa, sucia y asquerosa baba de los caracoles y por supuesto, ni la quiero ni la necesito.
En la mayoría de los casos se produce una transferencia de las propias carencias y un inexistente conocimiento de las normas básicas de convivencia y educación.
Pero todo ello no es excusa para soportar comportamientos inadecuados e inaceptables.
La única solución posible es la asertividad, saber decir no, hablar claro y con la seguridad de que a esta gente hay que pararle los pies sin ningún tipo de remordimiento ni miramiento.