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domingo, 26 de agosto de 2018

438.- LUJO.



El concepto de lujo es totalmente subjetivo y afortunadamente ha ido evolucionando, dejando atrás las acepciones de la RAE:

  • Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo.
  • Abundancia de cosas no necesarias.
  • Todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo.
Pues si, no cabe duda de que son obsoletas y que poco o nada tienen que ver con la imagen que hoy tenemos del lujo personal.

Porque seguimos considerando un lujo el tener un Porsche o un Rolls Royce, una isla en Las Maldivas o un yate atracado en Mónaco.

Pero dejemos atrás ese lujo ajeno y centrémonos en el lujo propio, por supuesto pensando en nosotras como personas de clase media, con unos ingresos suficientes para vivir sin excesos, pero aceptable y dignamente. Como una clase media que juega a la lotería a ver si le toca un pellizco y paga la hipoteca o se da un viaje a las antípodas.

El lujo hoy se aparta de lo material, prosaico y pecuniario, para volverse algo emocional e inmaterial.

El silencio, el no hacer nada, o el hacer sólo lo que nos da la gana.


Mirar el mar y el cielo todo el tiempo que me apetezca, escuchar música, acariciar a alguien hasta quedarme dormida, el olor de un bebé, quedarme en la bañera hasta que se me arruguen los dedos, comer una manzana a mordiscos mientras leo un libro.



Beber agua limpia de una fuente, bañarme en un río de agua fría, dormir entre sábanas blancas y limpias que huelen a jabón de Marsella.

Comer palomitas mientras veo una película en el sofá.

Hacer mermelada y regalarla.

Despeinarme al viento.

Adorar mi trabajo.

El pan con mantequilla.

Los tomates de verdad.  

Lola.



La sonrisa de alguien que pasa a mi lado y me mira.

Escribir en mi blog. Y que me lean desde muchos lugares lejanos y que me dejen comentarios.

Mis tres hijos son mi lujo más grande. El tiempo que paso con ellas y con él no tiene precio y es el lujo máximo. Porque es felicidad en estado puro.