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sábado, 11 de enero de 2014

221 - NO DEJES QUE TU MANO IZQUIERDA SEPA LO QUE HACE LA DERECHA

"No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha".

Gran frase que aunque considerada un refrán, en realidad está extraída del evangelio de San Mateo, capítulo 6, versículo 3. Se abunda en este valor de la discreción en los versículos 1 al 8 de este capítulo.



La generosidad es íntima, forma parte de la esencia de cada persona, y no debe ser aireada. Es de mal gusto comentar e informar de esas cosas que se hacen para favorecer a otras personas, sobre todo cuando ese favorecimiento entra en la ayuda económica y/o alimentaria.

Desgraciadamente es muy sencillo saber quien necesita dinero y comida, quien se encuentra en situación de necesidad urgente, quien no recibe apoyo de ningún tipo de entidad pública o privada.

Ante circunstancias tan graves hay quien intenta tomar la sartén por el mango y comenzar a repartir huevos fritos, pero el aceite se calienta demasiado y el humo que provoca se hace visible desde bien lejos. No es necesario ponerse a freir huevos para que todo el vecindario se entere de lo buenas personas que son las que viven en la casa de la que siempre sale humo.

Mejor regala una gallina silenciosa, o un caldo ya preparado y lo entregas de noche, cuando todas las gatas son pardas y no se ven.



Todas estas metáforas para decir que la caridad me revuelve por dentro, el estómago y el cerebro. Porque la caridad casi siempre va acompañada de aspaviento, publicidad, presunción, vanidad y encubierta de buenos y nobles sentimientos.

Y para mí todo ello es un grado avanzado del "meapilismo".

Las palabras son en muchas ocasiones como balas, como obuses, como torpedos; peligrosas y dañinas. Y los hechos que se derivan de esas palabras son el golpe de gracia que elimina para siempre la dignidad del objetivo.