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jueves, 26 de marzo de 2015

309 - PARA REIRME

A pesar de mi falta de tiempo para escribir más, suelo encontrar todos los días un poco de tiempo para ponerme al día con los blogs que sigo y últimamente con las cuentas de Instagram que me gustan o que aún no gustándome demasiado me parecen curiosas por lo absurdo de sus contenidos.
Ese tiempo suele ser siempre un rato de diversión, de ver como crecen las hijas e hijos de ciberamigas que recientemente han sido madres, las fotos de viajes al norte y al sur, los nuevos cosméticos, bolsos y modelitos, las diecisiete agendas que es capaz de gestionar una sola persona, las pegatinas (perdón stickers) de multitud de tiendas online dedicadas al tema, la sobreexposición de la vida cotidiana que en algunos casos es divertida e interesante y en otros una solemne estupidez y aburrimiento, los trabajos manuales (DYS), el crochet y el ganchillo (que a ver si alguna voluntaria me enseña), los platos llenos de kiwis y gachas, el rollito runner, los tocados de rafia, las pulseritas con estrellas e infinitos y un no acabar de cosas y cositas.
Todo ello me parece bien, y mucho de lo que veo me ha hecho caer en la tentación. Yo las hijas y el hijo ya los traía de antes, y de vez en cuando pongo alguna foto.
La agenda Finocam, los stickers y los DYS me han hecho caer, y en ocasiones me influyen mucho las tendencias en cuanto a cosméticos (el agua micelar me encanta), bolsos, zapatos, ropa...







Lo de las gachas no.




En realidad se trata de lo que nos divierte, distrae y nos aporta cierto porcentaje de felicidad.
Sólo un detalle. 
Ante tanta divina y divertida frivolidad, la imbecilidad de querer sentar cátedra, tropezones enormes de contradicciones, no admitir críticas y lanzarse de cabeza al ruedo de palmeras, son la muestra de que hay que empezar a reírse con sonoras carcajadas y evaluar la absurda pero desternillante necesidad de formular una hipótesis sobre el cociente intelectual de blogeras e instagrameras para posteriormente, si es probada, pueda generarse una teoría sobre el absurdo postureo que genera adeptas e imitadoras.
Y así nos seguimos riendo.