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sábado, 8 de septiembre de 2018

446.-EDUCACIÓN. POR FAVOR. GRACIAS.



Mi abuela materna, que era una señora muy sabia, discreta y educada, nos decía muchas veces que la buena educación se demuestra en el juego y en la mesa.

Y por supuesto que tenía razón. Cuántas veces habremos jugado y hemos sufrido las discusiones y salidas de tono de compañeras o compañeros de juego que discuten todo el tiempo porque no están de acuerdo con los resultados, o lo que es peor, hacen trampas.

Y en la mesa, esto si que es un desastre. Comer con la boca abierta, beber sin haberse limpiado los labios, poner los codos sobre la mesa, no saber poner la mesa, meterse palillos en la boca, soplar por las pajitas haciendo burbujas en el vaso, sorber la cuchara de la sopa, poner el bolso sobre la mesa en la que vamos a comer, limpiarse la boca con el mantel, etc, etc, etc.

Sobre el tema de la educación en la mesa, ya he escuchado varias veces, que es una tontería, que son formalidades incómodas, cosas de pijos, católicos y de derechas. Y no. Por ahí no paso.

La educación en la mesa, no tiene nada que ver con la clase social, el nivel económico, la religión ni la política. Son buenas maneras que nos hacen la vida más agradable, detalles que la dulcifican y hacen esbozar sonrisas. Delicadeza para con nosotras mismas y para las demás.

¿A quién no le gusta que alguien nos quiera agradar con una mesa bonita, con un mantel planchado, una vajilla impecable, unos cubiertos perfectamente colocados y alineados y unas servilletas de tela? Todo ello será el marco ideal para una cena rica y disfrutar de una buena compañía.

Pero la educación, la buena y la mala, se demuestra en otras cosas mucho más cotidianas, porque es cierto que hay mucha gente con la que ni jugamos ni comemos. Pero con las que si nos relacionamos por otros motivos.


Y algo tan simple como decir "por favor" y "gracias", demuestra tantísima delicadeza y buena educación, que cada vez que lo escucho sonrío y lo agradezco enormemente. 

No debería de sorprenderme, pero me sorprende, porque cada vez es más escasa esa delicadeza, y desde luego que todo ese descuido y mala educación es grosería. Incluso aunque no se diga nada.

Y no puedo acabar este post sin decir que el padre de mis hijos y yo, tenemos la enorme suerte de tener tres hijos que tienen esa delicadeza interiorizada, que tienen buenos modales y que como también decía mi abuela Lola, se les puede llevar a cualquier sitio, a lo que yo añado, que pueden ir solos, porque saben.

Así que por favor, buena educación, gracias.




domingo, 20 de septiembre de 2015

321.- LA EDUCACIÓN.


Si nos ponemos muy ortodoxas, podría decir que la buena y la mala educación son conceptos relativos, subjetivos y coyunturales.
Me explico.
Eructar después de comer es en las culturas occidentales de mala educación, sin embargo, en las culturas musulmanas, lo mal visto es no hacerlo. En este y otros casos similares, hablamos de relativismo cultural.
En cuanto a la objetividad en temas de mala o buena educación puede dar lugar a conflictos, malos entendidos y trifulcas varias.
Ejemplos como lanzarse de culo sobre un sofá, sillón o silla, sorber la sopa, cambiar el pañal de un bebé sobre una mesa de comedor, entrar a un lugar y no saludar a quienes ya están allí, no pedir las cosas por favor, no dar las gracias, toser o estornudar sin cubrirnos la boca, son para muchas de nosotras, muestras inequívocas de mala educación.
Pero en ocasiones, (no veo muertas), no, veo madres y padres que ante este tipo de actuaciones sonríen y miran hacia otro lado. 
Las afectadas por la corriente, cada vez más salvaje, de mala educación, debemos tener cuidado con decir lo que pensamos, ya que corremos el riesgo de ser apartadas de la "esferilla amiguil" y vernos relegadas al ostracismo y ser nombradas para siempre como "odia niños y niñas".
A mí me da lo mismo, de verdad. Me encanta ser la voz de tantas que no se atreven a decir ni pío y aguantan gilipolleces, estupideces e incluso abusos varios de personas adultas y de niños y niñas INSOPORTABLES.
Cada día soporto menos esos alardeos de modernidad trasnochada que potencian la mala educación a través del "laisser faîre", no vaya a ser que el nene o la nena se traumaticen.
Me importan un carajo esos traumas inventados, los chantajes emocionales que tan bien manejan algunos y algunas adolescentes y que son trampa fácil para madres y padres.
A veces, la conyuntura por la que atraviesa una familia o una persona, puede también dar lugar a comportamientos inapropiados que molestan a propios y a extraños.
Me acuerdo ahora de una película de Tarzán en la que lo invitan a Nueva York y su comportamiento es inapropiado y no acorde a las convencionalismos de la época y del entorno. Tarzán se vuelve, acertadamente, a la selva, esa selva de la que nunca debió salir.
La mala educación no es solo observable en niños y niñas y en adolescentes, pero es en esas etapas del cliclo vital cuando se puede frenar el proceso que lleva  sin duda a convertir a ese o esa joven en una persona insoportable, con una nula tolerancia a la frustración y rechazados en la mayoría de los espacios.
Por todo ello es necesario frenar, corregir y prohibir actitudes, comentarios, miradas y gestos que son el germen de futuras generaciones mal educadas. 

"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres". Pitágoras

martes, 13 de agosto de 2013

166 - LA ANTIPATÍA COMO DEPORTE PERSONAL


Hoy, y por causas ajenas a mí, me ví en la obligación de hablar por teléfono con alguien con quien prefiero no hacerlo.
Los motivos burocráticos y económicos obligan en ocasiones a mantener conversaciones ineludibles que pueden ser un tanto incómodas.
Sin embargo, considero que este tipo de charlas pueden ser integradas dentro de la "buena educación" y la cordialidad.


Ejemplos como decir buenas tardes, llamar a tu interlocutora por su nombre, y utilizar palabras en lugar de sonidos onomatopéyicos, no cuestan dinero y pueden facilitar el trámite ya de por sí molesto.


La antipatía que se puede rezumar en una llamada telefónica es directamente proporcional a conflictos personales no resueltos y a mala leche no canalizada.


Solo puedo decir que es importante practicar la sonrisa, la calma y la simpatía, que actúan como las antiguas sanguijuelas y sangrías de la medicina decimonónica pero a nivel de pérdida de mala leche.



El odio y el rencor avinagran y nada mejor que la salubridad de nuestros sentimientos para convertirnos en un vino excelente, de los que transforman nuestro paladar en felicidad.







Aprovecho este post para dar unas gracias infinitas a mis lectoras y lectores.