Me ha costado mucho tiempo escribir sobre esto, podría no hacerlo, pero si no lo hago era traicionarme a mí misma y a quienes me conocen y saben que en la medida de lo posible y dentro de mis posibilidades trabajo por la igualdad real, en contra del machismo, el patriarcado y la heteronormatividad.
No me apetece extenderme en detalles.
Hace más de un año me ocurrió algo muy desagradable con el marido de una mujer que no conocía yo de mucho tiempo, pero con quien existía una simpatía mutua, hasta el punto de haber compartido cenas en nuestras respectivas casas, restaurantes y amigos comunes.
Durante una noche de cena en un restaurante y copas en su casa, me tocó el culo varias veces, se acercaba mucho a mí y me tocaba el culo.
Mi pareja lo vió. No dijimos nada en ese momento, error.
Después de varios meses, salimos una noche a tomar unas copas con ella, él no estaba. Y se lo conté. No pareció sorprendida ni especialmente molesta y dio a entender que no era la primera vez que ocurría algo parecido.
Posteriormente a todo lo que cuento, no volvimos nunca a quedar, y cuando nos hemos encontrado casualmente con ella o con los dos, la actitud es sorprendente.
Cuento esto porque estas situaciones son más habituales de lo que nos gustaría y porque no tiene que darnos vergüenza, porque estos machistas no tienen derecho a tocarnos y que en el momento que ocurre lo que debemos hacer, sin importar el lugar ni la compañía , es pararlos, ponerlos en evidencia y avergonzarlos a ellos que son los que con sus tocamientos, sus miradas y palabras agreden.
Cuando los he visto me enfado conmigo misma, porque soy yo la que me siento mal y se que hay gente que sabe lo ocurrido y se que piensan que me tendría que haber callado.
Pues hoy aquí digo que no me callo, que yo no he hecho nada malo y que es él quien debería estar avergonzado por ser como es.