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domingo, 9 de junio de 2019

517.- ELISA Y MARCELA.


Esta historia podría haberse contado de muchas formas, pero Isabel Coixet lo ha hecho de la mejor manera posible.

Sin victimismo, sin revanchismo, con respeto y valentía. 

La delicadeza del orgullo, con la sutileza del miedo por ellas y el reflejo de un amor profundo y real.

Y para que no olvidemos nuestra historia, las personas, las mujeres, las lesbianas.

Para que recordemos que hasta hace bien poco tiempo, se perseguía a lesbianas, transexuales y homosexuales. En Fuerteventura estuvo funcionando un campo de concentración para homosexuales hasta 1966, bajo el nombre de Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, esta abominable realidad, la cuenta el historiador canario Miguel Ángel Sosa Machín en su novela Viaje al centro de la infamia.

La ley de vagos y maleantes incluyó en 1954 las conductas homosexuales y no fue hasta 1970 cuando fue sustituida por la ley de Rehabilitación Social, aunque sus secuelas se arrastraron hasta 1995.


Jóvenes LGTBIQ que no conocen nuestra historia, ni la historia de todas las personas que trabajaron, lucharon, pelearon y se dejaron la vida, para que hoy podamos casarnos, para que se nos reconozcan los mismos derechos que a las personas que no pertenecen a ninguna de esas siglas. 

Y ahora que ya estamos en junio, el mes del orgullo, del pride y el proud. Ahora que comienzan a alzarse voces y plumas en contra de una conmemoración que en algunos lugares también es celebración, nos toca decir que si, que tenemos y debemos seguir saliendo a la calle, porque a pesar de lo avanzada que es nuestra legislación en derechos para el colectivo de lesbianas y gais, no se ha educado a la sociedad para que interiorice y comprenda que la orientación sexual de la vecina, del profesor de sus hijos e hijas, del primo que siempre viene solo a la cena de Nochebuena y de la hermana de mi madre, no es relevante, que no pasa nada.

Y seguiremos saliendo a conmemorar, a celebrar y a reivindicar, porque aún hay países donde te ejecutan por ser homosexual, donde te encarcelan. Aquí aún se agrede física y verbalmente, las niñas y los niños que no son heterosexuales, son objeto de burlas y ataques y las personas homosexuales ancianas se ven en muchos casos solas y en situación de desamparo.

Seguimos siendo un colectivo vulnerable, en cualquier parte, en unas más que en otras.

Y me dirán algunos/as  que porqué no hay también un orgullo heterosexual. Pues mentes débiles, porque no se os mata, pega, ni discrimina por ello.

Gracias Isabel Coixet, por recordarnos la historia, por contribuir a que no olvidemos quiénes somos y de dónde venimos. Y por qué tenemos que continuar en el camino.















miércoles, 19 de septiembre de 2018

451.- INSPIRACIÓN, LESBIANIDAD Y DECENCIA.


Alguna vez me han preguntado en qué me inspiro para escribir este blog. 

Los temas son muy variados, y gracias a ello puedo abarcar un amplio espectro de materias. Pero es cierto que ahora que me he propuesto seguir una pauta de publicaciones semanal, es complicado elegir cuestiones. Lo más complicado es esa elección, que me llegue la idea. Después, ponerme a escribir es mucho más sencillo y va casi rodado.

También es muy importante la documentación, dependiendo del tema que se trate intento documentarme bien, porque quiero que mis opiniones estén bien fundamentadas.

No es igual escribir sobre "Bienestar Social", que sobre la obra de Frida Kahlo, o sobre una receta de tarta de queso.

Mis principales fuentes de inspiración son, la lectura de noticias, la actualidad en general, temas políticos y sociales. Me suelo detener mucho en temas relacionados con el feminismo y las comunidades LGTBIQ. El cine y las series son también una fuente importante que ayuda a rellenar pantallas en blanco.

 La gastronomía me interesa mucho.

 El día a día, la cotidianeidad.

Y, por supuesto, lo que me ocurre a mí. Mi estado de ánimo y mi vida son, en gran medida, la principal causa por la que escribo, y sea cual sea el tema elegido, siempre va a estar sesgado por mi manera de pensar y mi experiencia vital.

La semana pasada fue movidita, mi nuevo estado de abuela me ocupa tiempo que antes tenía libre, y me encanta. También otras cosas que estoy solucionando, relacionadas con mi traslado a Canarias.

Tuve una sorpresa el viernes, que si al principio no me gustó, he ido reflexionando sobre ello y a día de hoy la tengo como una experiencia muy enriquecedora.

La cosa va de lesbianas. Me dicen que hay lesbianas de toda la vida, y lesbianas de "no toda la vida". Lesbianas de siempre y lesbianas de ratos.

Hace veinte años, mi grupo de amigas de entonces, lesbianas la mayoría, bromeábamos con la palabra "pedigrí". Hablábamos de nosotras mismas, como de lesbianas con o sin pedigrí. Las de pedigrí eran las que nunca habían tenido relaciones sexuales con hombres y el resto no teníamos pedigrí. 

Comentarios hechos con mucho humor, pero siempre con el respeto obligado y necesario que nos debemos unas a otras. Con la sororidad interiorizada, aunque no la nombrábamos.

Y pensando en todo ello. Las lesbianas hoy, tenemos hijos, hijas, nietos, nietas, exparejas que han sido mujeres y exparejas que han sido hombres. También las hay sin hijos, sin hijas, con perritos y perritas, solteras, casadas, viudas y trapecistas. Los estereotipos que marginan, afortunadamente van desapareciendo del imaginario social. Y ya no es habitual ni correcto, pensar en una lesbiana como una mujer de pelo corto, con ademanes y comportamientos que el patriarcado binarista ha identificado con lo masculino. 

Los estereotipos marginan a quien los asume y también a quien no. Y pueden devenir en estigma.

Ambicionamos la desaparición de la heteronormatividad, y ampliamos miras. Las mujeres somos como queremos ser, lesbianas o no.

Os cuento que hace unos 15 años, yo era asidua de una asociación LGTB en Las Palmas de Gran Canaria, asistía a las reuniones bimensuales que hacía el grupo de mujeres lesbianas. Allí sentí por primera vez la discriminación intragénero. Absurdamente me preguntaron, que si era lesbiana, ¿porqué usaba tacones y llevaba el pelo largo?

 Posteriormente trabajé en esta misma asociación como coordinadora del grupo de mujeres transexuales y me di cuenta de que lo que me habían dicho era un chiste, si lo comparaba con la discriminación ejercida sobre estas últimas. 

Cómico y fruto, sin duda, de una falta de conocimientos y de una total asunción del sistema machista y patriarcal.

Lo de ahora, es diferente, y sé que no se trata de una falta de conocimientos, pero tiene también mucho de cómico.

Lesbianas de primera y de segunda. ¿En que epígrafe nos situamos las lesbianas que hemos estado casadas con hombres y que hemos tenido relaciones sexuales con ellos? Si tenemos hijos e hijas  ¿nos quitan puntos? ¿nietos y/o nietas?

¿Y las lesbianas que son madres por inseminación o adopción? ¿Mejor hijas que hijos, o da igual?

Y para acabar esta charada, ¿todas las lesbianas de siempre, las de pedigrí, tienen perritas o perritos? Conozco algunas con gatos, una tiene una tortuga y otra una enorme pecera. Maite, una vez se cayó dentro de la pecera.

Acabo aclarando algo. Yo no soy lesbiana, no soy heterosexual. No acepto etiquetas creadas por el sistema patriarcal binarista y heteronormativo para clasificarme.

En determinados momentos y circunstancias acepto nombrarme como lesbiana, dado que en los últimos 20 años, mis dos parejas durante ese tiempo han sido mujeres. Y como gesto político, he entendido que era justificada esa denominación, por aquello que de lo que no se habla no existe. Visibilidad.

No soy bisexual.

Si tuviera que decir algo de mí, respecto a mi orientación sexual. Por aquello de la ansiedad y el desconcierto que puede generar a los archivadores/as, diría que mi orientación sexual es fluida.

Todo esto que cuento tiene una importante parte cómica, además del humor con el que me lo he tomado.

Pero hay una zona oscura, totalmente seria. Y sobre ella os he contado también. 

No asumo ni acepto etiquetas sobre mi orientación sexual ni sobre mi género.



Tengo la inmensa suerte de haber sido madre de dos hijas y un hijo biológicos. También tuve un hijo adoptivo que falleció a los tres años y medio. Y tengo a Lola que es una perrita y también es mi hija. Las distinciones entre ellos son cosa mía. Los amo a los cinco.

 Y no me he parado nunca a pensar cual es más querido o importante, no entro en elucubraciones absurdas sobre a quien salvaría primero si se estuvieran ahogando. Todos saben nadar.

Cuando falleció mi hijo, ese dolor no fue atenuado porque tuviera otros tres en aquel momento. Cada uno de los cinco son insustituibles y únicos/as.


Dice la RAE que la decencia es aquella observación de las normas morales socialmente establecidas y las buenas costumbres, en especial en el aspecto sexual.

Es una palabra que me traslada a muchos años atrás, que la relaciono con comentarios machistas, de faldas muy cortas y grandes escotes.

También existe otra acepción que se refiere a la honradez y a la rectitud.

Valores interiorizados y que son, junto a otros, los que me hacen rechazar la subjetividad que da el desconocimiento de las realidades, el atrevimiento y la osadía de opiniones que son dardos. 

No estoy en una guerra, no tengo rehenes y mis seres queridos son innegociables. 
















sábado, 23 de abril de 2016

341.- CAROL O EL PRECIO DE LA SAL


Leí este libro de Patricia Highsmith hace muchos años y me parece una obra de referencia para el colectivo lésbico y que se salía de la norma que por aquel entonces, cuando yo lo leí y aún más cuando se escribió, de finales trágicos para las mujeres lesbianas que aparecían en la literatura contemporánea. 
Eran asesinadas y suicidadas, dando los autores medidas disciplinarias ejemplares a quienes no cumplían con la heteronormatividad.
En 1951, cuando se publicó con seudónimo, era relativamente habitual que algunas mujeres lesbianas se casaran con hombres, como medida de distracción de la lesbofobia. Los problemas graves se daban cuando se descubría la orientación sexual de estas señoras y eran repudiadas por sus maridos y rechazadas y estigmatizadas por la sociedad.


Cuando existían hijos e hijas del matrimonio, la situación se complicaba mucho, ya que en muchísimos casos el hombre amenazaba con retirar la custodia de los niños y las niñas a la madre e incluso prohibían cualquier tipo de contacto con ellos/as. La mujer por miedo renunciaba a sus hijos y en muchas ocasiones convencida de que su influencia podía ser negativa para ellos/as.
En 1989 se reeditó y se cambió el título original "El precio de la sal" por "Carol". Debió de parecerles a los editores más comercial y más simple, que lo es.
La película está bien, lenta, bonita fotografía, protagonistas guapísimas y fiel a la obra en la que está basada.



Maravillosas Cate Blanchett  y Rooney Mara.
Recomiendo verla, aunque mejor leer el libro.



miércoles, 5 de febrero de 2014

231 - LA VIE D' ADÈLE

Al fin pude verla el lunes.


Cuando ves una película de lesbianas pueden ocurrir estas dos cosas, juntas o por separado:
  1. Que el fin de las protagonistas lesbianas esté abocado al drama, al suicidio o al arrepentimiento y se vuelvan heterosexuales enamorándose de un chico guapo, fuerte y prototipo de machito hetero.
  2. Que la película sea de un empalago insufrible en el que los momentos de las relaciones sexuales de la pareja lésbica protagonista solo sean besos, toqueteos, susurros y gemidos a oscuras o bajo las sábanas.
En La Vida de Adèle, no pasa ninguna de estas dos cosas, por ello ya vale la pena verla y digo "la pena", porque son tres horitas de una historia de amor que olvidándonos de que las protagonistas son lesbianas, no es más que la narración del encuentro de dos personas muy jóvenes que se descubren la una a la otra, que maduran juntas, que se conocen, se aman y se dejan.


Amor, sexo, infidelidad. Tres componentes muy habituales en las películas de amor.

A favor de la película, la visión que da sobre la importancia de la visibilidad social de la lesbianidad, en el grupo de iguales, en la familia, en el trabajo...


Y también es de agradecer que por primera vez (fuera del cine pornográfico) se vea sexo entre dos mujeres de una manera completamente explícita y real. Para las lesbianas que se inician en el sexo es un buen manual visual y para las personas curiosas, que no se cortan en preguntar en cómo nos lo montamos, aquí tienen una perfecta introducción al sexo lésbico.



Me alegro de haberla visto porque dentro del activismo lésbico se ha convertido en un referente por lo que he expuesto anteriormente, pero sin duda, cinematográficamente hablando y dejando de lado la lesbianidad, no deja de ser una peliculita de amor con la que reir poco y llorar un poco más.

Palma de Oro 2013 en el festival de Cannes.