Ya falta menos para el otoño, y se nota. Las noches son más frescas y apetece algún jersey, foulard o rebequita.
Y como yo no soy demasiado previsora, el jueves salí sin nada de abrigo y me he puesto mala, así que estoy desde el viernes tirada como una colilla, tomando Couldina, durmiendo y sin ganas de nada.
Pero me queda un poquito de tiempo y lucidez para dejar alguna entrada, y qué mejor para estos incipientes fríos, las gripes y los catarros, que algo calentito.
Sopita de pollo y carne, con unas hebras de azafrán.
Ropa vieja al estilo de mi abuela materna.
La servilletas son regalo de Merijop y su esposa, y es una Lola rompiendo con el género. Si es que la perrita nos está saliendo espabiladísima.
Gracias VIDA, por cuidarme.
