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miércoles, 23 de noviembre de 2022

579.- EL CUENTO DE LA CRIADA


Quinta temporada ya de El Cuento de la Criada.

Si no habéis visto ninguna de las temporadas ya emitidas y la tenéis en cosas pendientes, podéis leer mis post's anteriores para poneros en situación.

2017 aquí

2018 aquí

Ninguna de las temporadas me ha defraudado. Sigo pensando que esta serie basada en el libro distópico de Margaret Atwood es una obra maestra en la que además del  guion cuenta con la fantástica dirección e  interpretación de Elisabeth Moss.

Cualquier nación actual puede convertirse en una Gilead, la eclosión de partidos fascistas en muchos lugares del mundo es innegable y sus acólitos y acólitas se multiplican de forma exponencial. No hay duda de que todo ello es fruto por una parte del fracaso del capitalismo cubierto por una fina capa de democracia  y estado del bienestar y por otra parte del fracaso de la educación de las nuevas generaciones, más preocupadas por la imagen que dan en las redes sociales que por el conocimiento y la curiosidad por el saber.

Aclaro que creo que estos pensamientos se dan tanto en gente joven como en gente mayor.

La interseccionalidad al estudiar muchos de los temas fundamentales en nuestra sociedad debería ser obligatoria, no se pueden tratar y solventar muchas problemáticas actuales si no se reconoce que la diversidad social requiere de tratamientos diferentes porque las personas somos distintas y aunque deberíamos tener derechos iguales, la forma y consecución de los mismos no puede ser la misma.

El respeto a la diferencia es lo que nos lleva a la igualdad de oportunidades y al reconocimiento de los derechos fundamentales de cada ciudadano y ciudadana de este complejo y caótico mundo.

El concepto de interseccionalidad no debería utilizarse para otro cometido que el estudio de la diferencia para conseguir igualdad.

Pero si reflexionamos sobre temas como el cambio climático, las pandemias, la igualdad real entre mujeres y hombres trabajada desde el feminismo para acabar con el machismo y el heteropatriarcado, la plena consecución de derechos de las personas que pertenecen a los colectivos LGTBIQ+ y la migración, entre otros.

Al realizar esta reflexión se produce un hecho real y cada vez más frecuente y es que el catetismo también es interseccional. Tristemente es así.

Hago un paréntesis para explicar que cuando yo hablo de catetismo no lo hago refiriéndome a la acepción de la RAE de persona de pueblo. Yo lo digo para señalar a esas personas que se regodean en su ignorancia, que les encanta no saber y se enorgullecen de ello. Y por si eso no fuera suficiente, emiten juicios que consideran acertados como enseñanzas. 

Y existe un catetismo interseccional. Me explico.

Las personas que niegan la importancia que las vacunas han tenido para frenar la virulencia de la COVID, o que niegan que exista la violencia de género, o que piensan que el cambio climático es una invención de Greta Thunberg y tres amigas suyas, o las que piensan que las feministas somos cuatro chifladas que nos ponemos camisetas violetas.

Pues no son casos individuales, me refiero a que si eres antivacunas también eres antifeminista y consideras que el cambio climático es un mito. Y así con todo aquello que actualmente deteriora las bases de nuestra sociedad.

Y por eso yo lo considero catetismo interseccional, porque cada una de esas patochadas no van solas e independientes, sino que atraviesan muchos o todos los graves problemas que sin duda existen.

Por poner un ejemplo, el iluminado o la iluminada de turno en la cena de Navidad que en su vida se ha leído un libro, que no estudió porque siempre valoró más la educación de acera y banco de parque y habla como si fuera científico/a de la Nasa y nos dice que la COVID no existe, que es un invento de los reptilianos/as, que el cambio climático es un mito y que si vamos a la Antártida veremos como los glaciares no se están derritiendo, que Trump es el salvador del planeta y que las feminazis son una plaga de histéricas que necesitan un falo.

Catetismo interseccional. Y en este concepto se mezclan la realidad y la ironía.

Y si, yo estaba escribiendo de la quinta temporada de El Cuento de la Criada. Pero  todo esto tiene mucho que ver con esa nación despiadada, ignorante, fascista, machista, corrupta que en la serie se llama Gilead y que llega a esos niveles terroríficos porque no se paró a tiempo a esa gente que transmitía mensajes de odio continuamente, porque no se pensó que con educación y por supuesto con la prohibición de  los mismos podemos intentar conseguir naciones coherentes, vidas felices, personas diferentes con igualdad de derechos.

Hay quien se dedica a recoger firmas para que perros y perras no puedan pasear por la puerta de su casa, pero cuando se habla de prohibir símbolos fascistas entran en cólera y dicen que dónde queda su libertad de expresión.

Volviendo a la serie.

Otra de las cosas en las que esta temporada de El Cuento de la Criada me ha hecho pensar es en la empatía.

Como trabajadora social y docente debo entonar el mea culpa y reconocer que en estas profesiones se nos llena la boca con la palabra empatía, con la importancia de ser empáticos o empáticas. 

Y si es cierto que es importante, que para comprender la situación de otras personas no debemos hacerlo desde la nuestra, que es necesario entender esas situaciones diferentes para poder resolver problemas. Pero eso no significa que nos convirtamos en alguien que no somos, o que debamos entender situaciones que no son comprensibles. Porque las hay reprobables, ilegales, vergonzosas, peligrosas y tóxicas.

Debemos saber cuando la empatía es necesaria y cuando quien nos solicita empatía nos está manipulando.

En esta temporada de la serie se dan la vuelta muchas cosas que ocurrieron en las temporadas anteriores. No quiero ser muy explícita para no hacer spoiler.

Pero puedo poner un ejemplo. 

Si un hombre viola a una mujer, yo no puedo ser empática con ese hombre cuando me cuenta que el viola mujeres porque de pequeño fue maltratado física y psicológicamente por su padre.

Si ese mismo violador tiene un accidente grave y necesita auxilio y pasa por allí la mujer que el violó, y a pesar de todo lo ocurrido y del daño infligido ella le presta ayuda, esto no se trata de empatía porque ella nunca podrá ni querrá ponerse en el lugar del violador. Ella le presta ayuda porque reconoce el respeto a la vida y a los derechos fundamentales de las personas y porque además ella no es él. Afortunadamente nunca será él.

Y no se trata de un acto de ejemplaridad, de tú eres un violador y yo soy una samaritana, no, se trata de que yo nunca seré cómo tú.

Y hasta aquí llego con El Cuento de la Criada. Totalmente recomendable.

 




jueves, 7 de diciembre de 2017

396.- SERIE. EL CUENTO DE LA CRIADA Y EL PELIGRO DE LA TIBIEZA.


Por fin he visto esta serie, que se ha convertido en un imprescindible de los últimos meses.

Basada en el libro, publicado en 1985, de la escritora canadiense Margaret Atwood.


Después de ver, casi de un tirón, los diez capítulos, me sentí muy mal, enferma y asustada.

No es disparatado pensar, que lo que plantea Atwood, pueda llegar a convertirse en una realidad y que las distopías dejan de ser ficción para pasar a ser verdad.


Puede ocurrir y en un futuro no muy lejano, de hecho, ya ocurre en civilizaciones remotas y semiocultas, en las que la mujer no vale más que como objeto paridor, para que los hombres cumplan uno de sus más ancentrales deseos, que es el de la perpetuación de la especie, de la suya.

Y cómo se llega a ese extremo de sinrazón, de eliminación de derechos que pensábamos establecidos firme y eternamente. 

Se llega por la tibieza, por no actuar, por pensar y creer que todo lo malo siempre les pasa a otros y que somos intocables en esta burbujita llamada occidente, cargada de eurocentrismo y paternalismo patriarcal.

Y qué podemos hacer para evitar un desastre, un feminicidio de esa magnitud.

Implicarnos, preocuparnos, sentirnos las unas a las otras, experimentar con la sororidad, mirarnos a los ojos descubriéndonos en la mirada de otra, defendernos, querernos y pensar, como dicen en la serie, que si existe un nosotras es que hay un ellos.


Escribir, salir a las calles, hacernos ver y oír. Que nos conozcan, que nos entiendan, que nos escuchen, que nos respeten, que nos amen.

Y si llega ese momento, en el que da igual ya lo que hagamos, en el que se ha perdido todo aquello que valió la pena, todo lo que costó trabajo, lágrimas y dolor. Si llega ese momento, habrá que ser valientes y abandonar de nuevo la tibieza de mentes y casas y salir a luchar de verdad.

Queridas lectoras, os recomiendo mucho que veáis la serie o leáis el libro. Nos hará tomar conciencia de la vulnerabilidad en la que vivimos y de lo importante que es posicionarnos firmemente ante esa silenciosa e invisible horda machista y patriarcal que poco a poco mina vidas y derechos.

Calientes o frías, pero nunca tibias, mujeres hermanas.




viernes, 17 de noviembre de 2017

394.- SERIE. ALIAS GRACE.


"Alias Grace" me ha gustado mucho, y llegué a ella de casualidad, en Netflix, porque me llamó mucho la atención que estuviera basada en una novela de Margaret Atwood, la autora canadiense de la cada vez más famosa novela, "El Cuento de la Criada". Yo aún no he visto la serie ni leído el libro.

Si en "El Cuento de la Criada" se hace un viaje a un futuro distópico, en "Alias Grace", se viaja al pasado, hasta un hecho real ocurrido en Canadá en el siglo XIX, un asesinato, una joven mujer encarcelada y al secreto de su culpabilidad o inocencia.

Patriarcado, como siempre, colmado de abusos y violencia.

Llama la atención como en ese momento de la Historia, se comienza a ejercer la nueva psiquiatría, basada en la escucha de la persona para así tratar de erradicar terapias agresivas que llevaban irremediablemente al terror más fuerte aún que el propio trastorno.

Desgraciadamente esas infrahumanas prácticas, siguieron utilizándose hasta hace, relativamente, poco tiempo.

La fuerza de Grace está en sus silencios, sus recuerdos y en el derecho a defenderse, que utiliza o no.

A la fragilidad del abusador reesponde con fuerza silenciosa que desarma y descoloca.

Sin duda, una serie feminista que también dará que hablar.