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lunes, 17 de diciembre de 2018

488.- COCINAR.


Cocinar siempre ha formado parte importante de mi vida.

Mi abuela materna era una magnífica cocinera y aunque no me enseñó a cocinar, tengo muchos recuerdos de sabores, olores y recetas que yo he intentado reproducir.

Ella murió cuando yo tenía trece años.

Posteriormente, cuando me casé con el padre de mis hijos, yo era muy joven y no tenía ni idea de nada relacionado con la cocina. Él sabía preparar algunas cosas, su insuperable sopa, que me recuerda mi hija mayor cuando yo preparo la mía,y  que por supuesto es una copia de la suya.

Fue en ese momento cuando me puse las pilas y comencé a leer y a aprender a cocinar en serio.

Y aprendí.

 


Nuestras vidas están marcadas por las relaciones de pareja que hemos tenido, es innegable. Cientos de recuerdos relacionados con cada una de esas personas, ligados a un sabor, a un determinado alimento, al gusto por algo concreto, o al asco más absoluto.

Las angulas las recuerdo siempre con una gran sonrisa, porque a ver quien ha tenido la suerte de que te pongan delante una cazuela con un kilo de ese manjar inaccesible y te lo puedas zampar con tu novia sabiendo que es un regalo.

Los chipirones en su tinta insuperables, la porrusalda, el marmitako, una buena chuleta y la tortilla de bacalao.

Más tarde,el mejor steak tartare de mi historia.

Cocinar con, para y por. Ha sido un lujo. Lujos de estos.

Ahora no estoy segura de querer seguir cocinando. Porque será difícil. Y suena mucho en mi cabeza Gloria Estefan. Algo así como que con los años que me quedan por vivir, demostraré lo bien que cocino.



jueves, 9 de agosto de 2018

434.- MOOD FOOD O LA COCINA DE LA FELICIDAD.



Esta mañana, escuché por primera vez, en la radio del coche los términos Mood Food y La cocina de la felicidad.

No soy nada proclive a estas nuevas corrientes que parten de la ramita foodie, pero que tan de moda están y que sirven de apoyo a influencers que escriben y fotografían sobre comida y alimentos. Y cuya casi única finalidad es vivir de ello, o al menos, comer.

Sin embargo, en este caso, me he detenido a investigar sobre ello, porque las personas que escuché me pareció que sabían de que hablaban, que tenían conocimientos sobre nutrición y cocina y que sobretodo no dogmatizaban. 

Esta tendencia surge en Japón y propone incluir en nuestra alimentación diaria, alimentos que, con bases científicas, nos aporten felicidad y bienestar. Alimentos cotidianos, nada de productos milagros que cuesta encontrar hasta en la herboristería más friky de la ciudad más cosmopolita.

El triptófano, un aminoácido esencial, se encuentra en alimentos tan habituales, como el pavo, el pollo, el queso, los huevos, las nueces, el pescado, las pipas de calabaza y los cacahuetes, entre otros. Este aminoácido, hace que el cerebro produzca serotonina, una sustancia que provoca mayor tolerancia al dolor, reduce la irritabilidad y nos ayuda a dormir más y mejor.

                                                           

Las endorfinas, la dopamina y la noradrenalina son otras sustancias que se producen en nuestro cuerpo y que en proporciones adecuadas, nos proporcionan bienestar y placer.

¿Recordáis aquellas historias sobre alimentos que potenciaban la libido?, pues todo ello tiene una explicación científica, y no se si realmente nos hacen más sexuales, nos dan más ganas de sexo y te ponen como una moto. El caso es que también está probado científicamente, que la capsaicina que contienen los alimentos picantes, hace que liberemos endorfinas. Una hormona que aumenta nuestra recepción a estímulos placenteros.



Alimentos ricos en yodo, como el marisco, el bacalao, pescados azules, la avena, las avellanas, el ajo y las fresas nos provocan cierta desinhibición y placer. Junto con el chocolate, la piña y las espinacas que nos proporcionarán energía y alegría.                              Todo esto me gusta, me lo creo y me parece que es estupendo que comencemos a fijarnos en los alimentos de siempre, los no procesados y reintegremos a nuestra alimentación todo lo que, además de por el sabor, nos va a hacer más felices y fuertes física y mentalmente hablando.

Claro que todo no está en ir a comprar estos alimentos. La segunda parte y casi tanto o más divertida, se trata de cocinar, de cocinar con el amor del que yo hablaba hace poco aquí, antes de escuchar todo esto del Mood Food.


Si, también quienes siguen esta corriente, consideran imprescindible que emprendamos la labor de cocinar como un acto de amor, cocinar debe ser algo con lo que disfrutemos tanto como comiendo. 


Detalles como el crujiente de un asado, el dorado de unas patatas, el aroma de un buen té, el sabor de un zumo de fruta fresca, el sonido del crujir de una manzana al morderla, el líquido que cae por nuestra barbilla cuando mordemos una ciruela madura, el sabor oscuro, intenso y profundo de una cucharada de mousse de chocolate, el frescor intenso que recorre nuestra garganta al probar un helado de auténtica vainilla bourbon. 
     

  Todas esas cosas e infinitas más, son las que nos van a generar momentos de felicidad, que son simples, efímeros, pasajeros, pero que se graban en nuestra memoria olfativa y gustativa y que al volver a sentirlos, nos trasladan a aquel primer momento que olimos la canela, que probamos un mole, que chupamos un fresón o que dimos un beso con sabor a mantequilla fresca.

Y, me pierdo.

Volviendo a esto de la cocina de la felicidad, y para quienes queráis profundizar algo más en ello, integrándolo en vuestras rutinas culinarias. Hay un programa en el Canal Cocina, que se llama así "La Cocina de la Felicidad" y que llevan adelante, la nutricionista Pilar Benítez, y la cocinera Marta Simonet. Ellas proponen recetas que nos hagan ser más felices y por supuesto más sanas.



Seguiré profundizando en todo esto, porque me interesa y quiero ser más sana y más feliz y si la comida, que me encanta, ayuda, pues que mejor que practicar.

Y como la música es también otra fuente inagotable de felicidad, se me ha ocurrido preparar una playlist para cocinar. Así que me voy a poner a trabajar en ello.

Desde aquí quiero agradecer a Lía Patterson y a Carmen Tavío, la oportunidad de participar con ellas en el taller sobre "Caterings viejunos" vs. "Dale la Vuelta a la Tortilla".

 Ha sido un placer, una diversión y un amor compartir esto con vosotras.