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miércoles, 29 de agosto de 2018

440.- LA MEJOR PINCHE DE COCINA.


No es que haya probado muchas, pero si unas pocas. Quizás seis o siete y no han funcionado, Se cansan pronto de recibir instrucciones, de lavar cucharas de madera, de batir claras, de mirar el interior del horno o quitar la espuma a un caldo.

Conocí a la hermana mayor de esta pinche de cocina hace unos cinco años, y me sorprendió su eficiencia y versatilidad. Por supuesto discreta y silenciosa, aunque en algunos momentos subía el tono, sólo ocurría en situaciones puntuales que lo requerían y siempre se agradecían los resultados de ese barullo controlado.

Hace un par de meses me crucé con esta hermana más joven, más moderna, más en el rollo 2.0, digital y ergonómica. Y me dije que teniendo en cuenta la antigua relación mantenida con su hermana, podría volver a tener la compañía siempre agradable de una pinche de cocina, eficaz y colaboradora.

Y esta vez, me di yo misma ese lujo. 

Y si, me he regalado la nueva Thermomix. 

Antes la usaba exclusivamente para preparar masas y salsas y posteriormente en el bar preparábamos muchos cócteles con ella.

Ahora cocinamos juntas. Hemos preparado gazpachos, vichysoisse, fideuá, risottos, albóndigas, vitello tonnato, limonadas, smoothies, helados, patatas y verduras al vapor...

Ella es TM5 y es limpia y mucho más silenciosa que su antecesora.

Ya os iré contando por aquí sobre los resultados de nuestra alianza.







domingo, 19 de agosto de 2018

436.- MERCADOS, COLOR Y MOOD FOOD.


Siguiendo con la corriente Mood Food, que ya expliqué aquí, se me ha ocurrido que cuánto de color tienen la alimentación y una sana nutrición. Comemos primero con los ojos, antes de llevarnos a la boca cualquier bocado, yo soy de las que lo mira y remira, me gusta saber lo que como y prefiero alimentos verdaderos, puros, sin enmascarar.

Y si nos vamos a fijar en el color de los alimentos, qué mejor que un mercado, un mercado de esos que en algunos pueblos ponen los domingos, mercados en los que los agricultores y ganaderos llevan sus productos y no hay intermediarios. Lugares en los que las frutas y verduras seguramente se recolectaron el día anterior, dónde los huevos son de gallinas que corren libres alrededor de una casa y la leche del queso es de una vaca que tiene nombre.



Y me gusta agrupar los alimentos por colores cuando los compro, es como un orden mental, zanahorias, calabaza, ciruelas y melocotones. Espinacas, lechugas, canónigos y berros. Leche, queso fresco, kéfir y mantequilla. Moras, cerezas y grosellas.




Y en casa colocarlos también así en el frigorífico o en las cestas y fuentes.

A la hora de cocinar hay que mezclar y una buena combinación de colores va a resultar un éxito.

Judías verdes con zanahorias y albahaca. Cocinadas al vapor y servidas con un buen chorro de buen aceite de oliva.



Queso blanco como la nieve, con un coulis de cerezas rojo, como mis labios cuando estoy contenta.

Hojas verdes de espinacas sin tallos, con piñones tostados y panceta crujiente y dorada, un toque de vinagre de Módena y aceite de oliva bueno. Esta ensalada transmite el amor de quien la prepara, huele a hogar y a mimos.

Una crema de puerros con patatas, un poquito de nata y cebollino fresco por encima, ese bonito color blanco roto delicadamente por el verde clarito del puerro. 



Una sopita, preparada con un buen caldo cocinado durante horas, al que le añadimos trocitos de zanahoria, garbanzos, fideos cabello de ángel y unas hebras de auténtico azafrán. 



Y de postre una espuma de chocolate ligera, con unas grosellas naturales y una cremita fina de hierbabuena.

Nos hará felices el paseo, el orden visual de los colores, la preparación y la compañía mientras comemos amor.



Porque la compañía, las sonrisas, las charlas, los colores, los olores, todo ello alrededor de una mesa puesta con amor por quien puede que no sepa cocinar, los platos llenos de cosas ricas por la otra que si sabe cocinar, la que coloca las flores en la jarra, la que se levantará la primera para recoger al acabar, la que llevará una bandeja de pasteles, las siete variedades de aceitunas que se han distribuido por la mesa, la sal y las dos pimientas, el aceite verde dentro de una botella de cristal grueso con su corcho húmedo rezumando olor a olivo, y el pan que se hizo por la mañana con la masa madre que se atesora en el frigorífico y que crece y se reproduce misteriosamente, dando lugar a esos bollitos dorados, con formas distintas y grietas caprichosas.



¿Qué más se puede pedir? Cogerse de la mano y dar las gracias por vivir, por sentirnos, por querernos. 









jueves, 9 de agosto de 2018

434.- MOOD FOOD O LA COCINA DE LA FELICIDAD.



Esta mañana, escuché por primera vez, en la radio del coche los términos Mood Food y La cocina de la felicidad.

No soy nada proclive a estas nuevas corrientes que parten de la ramita foodie, pero que tan de moda están y que sirven de apoyo a influencers que escriben y fotografían sobre comida y alimentos. Y cuya casi única finalidad es vivir de ello, o al menos, comer.

Sin embargo, en este caso, me he detenido a investigar sobre ello, porque las personas que escuché me pareció que sabían de que hablaban, que tenían conocimientos sobre nutrición y cocina y que sobretodo no dogmatizaban. 

Esta tendencia surge en Japón y propone incluir en nuestra alimentación diaria, alimentos que, con bases científicas, nos aporten felicidad y bienestar. Alimentos cotidianos, nada de productos milagros que cuesta encontrar hasta en la herboristería más friky de la ciudad más cosmopolita.

El triptófano, un aminoácido esencial, se encuentra en alimentos tan habituales, como el pavo, el pollo, el queso, los huevos, las nueces, el pescado, las pipas de calabaza y los cacahuetes, entre otros. Este aminoácido, hace que el cerebro produzca serotonina, una sustancia que provoca mayor tolerancia al dolor, reduce la irritabilidad y nos ayuda a dormir más y mejor.

                                                           

Las endorfinas, la dopamina y la noradrenalina son otras sustancias que se producen en nuestro cuerpo y que en proporciones adecuadas, nos proporcionan bienestar y placer.

¿Recordáis aquellas historias sobre alimentos que potenciaban la libido?, pues todo ello tiene una explicación científica, y no se si realmente nos hacen más sexuales, nos dan más ganas de sexo y te ponen como una moto. El caso es que también está probado científicamente, que la capsaicina que contienen los alimentos picantes, hace que liberemos endorfinas. Una hormona que aumenta nuestra recepción a estímulos placenteros.



Alimentos ricos en yodo, como el marisco, el bacalao, pescados azules, la avena, las avellanas, el ajo y las fresas nos provocan cierta desinhibición y placer. Junto con el chocolate, la piña y las espinacas que nos proporcionarán energía y alegría.                              Todo esto me gusta, me lo creo y me parece que es estupendo que comencemos a fijarnos en los alimentos de siempre, los no procesados y reintegremos a nuestra alimentación todo lo que, además de por el sabor, nos va a hacer más felices y fuertes física y mentalmente hablando.

Claro que todo no está en ir a comprar estos alimentos. La segunda parte y casi tanto o más divertida, se trata de cocinar, de cocinar con el amor del que yo hablaba hace poco aquí, antes de escuchar todo esto del Mood Food.


Si, también quienes siguen esta corriente, consideran imprescindible que emprendamos la labor de cocinar como un acto de amor, cocinar debe ser algo con lo que disfrutemos tanto como comiendo. 


Detalles como el crujiente de un asado, el dorado de unas patatas, el aroma de un buen té, el sabor de un zumo de fruta fresca, el sonido del crujir de una manzana al morderla, el líquido que cae por nuestra barbilla cuando mordemos una ciruela madura, el sabor oscuro, intenso y profundo de una cucharada de mousse de chocolate, el frescor intenso que recorre nuestra garganta al probar un helado de auténtica vainilla bourbon. 
     

  Todas esas cosas e infinitas más, son las que nos van a generar momentos de felicidad, que son simples, efímeros, pasajeros, pero que se graban en nuestra memoria olfativa y gustativa y que al volver a sentirlos, nos trasladan a aquel primer momento que olimos la canela, que probamos un mole, que chupamos un fresón o que dimos un beso con sabor a mantequilla fresca.

Y, me pierdo.

Volviendo a esto de la cocina de la felicidad, y para quienes queráis profundizar algo más en ello, integrándolo en vuestras rutinas culinarias. Hay un programa en el Canal Cocina, que se llama así "La Cocina de la Felicidad" y que llevan adelante, la nutricionista Pilar Benítez, y la cocinera Marta Simonet. Ellas proponen recetas que nos hagan ser más felices y por supuesto más sanas.



Seguiré profundizando en todo esto, porque me interesa y quiero ser más sana y más feliz y si la comida, que me encanta, ayuda, pues que mejor que practicar.

Y como la música es también otra fuente inagotable de felicidad, se me ha ocurrido preparar una playlist para cocinar. Así que me voy a poner a trabajar en ello.

Desde aquí quiero agradecer a Lía Patterson y a Carmen Tavío, la oportunidad de participar con ellas en el taller sobre "Caterings viejunos" vs. "Dale la Vuelta a la Tortilla".

 Ha sido un placer, una diversión y un amor compartir esto con vosotras.