Mostrando entradas con la etiqueta Cocinar con amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cocinar con amor. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2018

461.- COCINAR CON CALABAZAS.



La calabaza es una hortaliza popular, presente en nuestra cocina, en muchos platos. 

Nutritiva y evocadora de cuentos, otoños, hogar y encuentros.

Sin duda, la calabaza es una integrante con todos los honores, del movimiento Mood Food.

Y cocinar con calabaza, es algo propio del otoño, de este mes de octubre de "rentrée".

Y un sábado es un día estupendo para quedarnos en casa y preparar comida rica para la cena especial de hoy y también para almacenar en nuestro congelador cositas buenas para la semana que viene.

Todas las recetas e ideas que os voy a dar son sencillas, económicas y pueden integrarse en cualquier menú de diario o en alguna ocasión especial.

CREMA DE CALABAZA.

1/2 kilo de calabaza.
1 patata mediana.
1 puerro pequeño.
1 diente de ajo.
Sal.
Pimienta negra recién molida.
Aceite de oliva extra virgen.

Tenéis tres opciones:

Simple y rápida: ponéis todos los ingredientes en una olla y cubrís con agua. Cuando la verdura esté cocida, la trituráis en una batidora potente. Añadís el aceite y volvéis a batir para conseguir una crema suave y homogénea.
Podéis decorar con cebollino picado o con picatostes.

Más rica y cuidada: ponéis el aceite en la olla y a continuación vais añadiendo las verduras en el siguiente orden, primero los ajos y cuando empiecen a dorarse se añade el puerro, después la patata y finalmente la calabaza. 
Hay que dejar que la calabaza se marque, pero sin que llegue a quemarse.
Añadimos la sal y la pimienta y removemos y finalmente cubrimos con caldo de verduras natural o Aneto.
Cuando la verdura esté blanda, trituramos bien con la batidora.
Decoramos con unas setas salteadas con cebolleta, bien desgrasadas.

Para lucirnos: precalentamos el horno a 180 grados y metemos en él una bandeja con todas las verduras cortadas en trozos largos y de un grosor de dos centímetros. Salpimentamos y rociamos con un poco de aceite. En el centro ponemos una ramita de romero.
Aproximadamente en 20 minutos estarán doraditas aunque no blandas del todo.
Las sacamos del horno, retiramos el romero y las pasamos a una olla con todo el jugo de la cocción, añadimos caldo de verduras natural o Aneto y las dejamos cocer diez minutos más, o hasta que la patata esté blanda.
Trituramos con la batidora y añadimos 100 cl de leche evaporada.
Volvemos a triturar.
Decoramos con virutas de jamón ibérico.

CHIPS DE CALABAZA.

Estas chips pueden servir para acompañar un aperitivo o vermouth, y también como guarnición para carnes a la plancha, escalopes o guisos.

Se corta la calabaza en rodajitas muy finas, mejor si lo hacéis con una mandolina.
Se colocan en una bandeja de horno y sobre papel vegetal, untado con un poquito de aceite y se espolvorean con un poquito de sal fina y con hierbas provenzales.
Se tapa la bandeja con papel de aluminio y se mete en el horno precalentado a 200 grados.
En treinta minutos, quitamos el papel de aluminio y los dejamos 10 minutos más. Mejor si el horno tiene la función de ventilador.
Dejamos enfriar en una rejilla, antes de servir.
Podéis añadir otras especias o hierbas, según vuestros gustos.
Si tenéis una deshidratadora, os evitáis el horno.
Tengo un post sobre esa máquina que podéis leer aquí.

TORTITAS DE CALABAZA.

Cocéis medio kilo de calabaza, cortada en trozos medianos, en agua, con una cucharada sopera colmada de azucar, un palito de canela y una vaina de vainilla cortada a través.
Cuando la calabaza esté blanda, la escurrimos y la ponemos en una fuente. Cuando se enfríe, añadimos 200 gramos de harina para repostería, 5 cucharadas soperas de azucar, una cucharada de las de café, de canela, 25 gramos de pasas sultanas, tres huevos enteros y 150 cc de leche entera. Mezclamos bien todos los ingredientes. 
Debe quedar una masa líquida, como la de los panqueques o tortitas.
Freiremos  en aceite de girasol en tandas pequeñas. 
Escurrimos y servimos templadas, aunque también están buenas de un día para otro.
Si os parece poco dulce, podéis poner por encima miel de caña.

Y nada más. Felices sábado y domingo. Y a comer rico.









miércoles, 5 de septiembre de 2018

444.- MOOD FOOD AND MOOD MUSIC.


Después de las publicaciones sobre el Mood Food, aquí y aquí. He querido seguir profundizando en este movimiento y segura de la bondad de muchos alimentos que nos hacen felices y aumentan nuestra positividad, se me ha ocurrido algo relacionado con todo ello.

A mi me gusta cocinar con música, a veces pongo la televisión, pero si pienso en ello, es mucho más gratificante e inspirador, hacerlo con música.

Hay muchas listas en Spotify y en Youtube con el nombre de "Música para cocinar", pero es difícil dar con una que coincida con nuestros gustos. La mayoría, y de forma lógica incluye canciones que tienen en sus letras palabras relacionadas con la comida, la bebida y el sabor.

El tema va desde "Vegetables" de The Beah Boys, "Hot Potatoes" de The Kinks, a "Fruta Fresca" de Carlos Vives, "Sarandonga" de Lolita, "Limón y Sal" de Julieta Venegas, "Banana Boat Song" que es una constante en estas listas, "Guacamole" de Kevin Johansen y "Sugar Sugar" de The Archies.

Y ya a otro nivel y como curiosidad, pero que también triunfan en estas playlists, tenemos "Con las manos en la masa" de Vainica Doble, "Paquito el Chocolatero" y la que debe triunfar entre las viejunas pasteleras de cupcakes, "A Spoonful of Sugar" de Julie Andrews en la película "Mary Poppins".

Hay muchas más, pero con la misma falta de criterio, porque a mi me parece muy extraño y perturbador, esta mezcla que parece un salpicón preparado son surimi.

Así que si nos ponemos música, quizás sea mejor que olvidemos todo esto que salvo honrosas excepciones, puede llevarnos a un arroz pasado, una salsa cortada o un estofado quemado.

Entonces, lo mejor es elaborar nosotras mismas una lista con la música que nos gusta, que puede estar relacionada, o no, con la comida y la bebida, o simplemente que sea eso, música que nos inspire, que nos relaje o nos estimule. Dependerá del estado en el que nos guste cocinar. 



Si sois de alta concentración mientras cocináis, llegáis a un alto nivel de introspección, os recomiendo mucho la banda sonora de la película "El Festín de Babette". Podéis escucharla aquí.

Algo mucho más racial, puesto que viajamos desde la Dinamarca de Babette al México de Tita, la protagonista de "Como agua para chocolate", lo podéis escuchar aquí.



Esto son sólo dos ejemplos. Pero lo que quiero decir con este post, es que no creo en una música específica para cocinar. Considero que lo mejor es ponernos lo que nos gusta, lo que nos relaja o excita. Ya sabéis Mood Food y Mood Music.






miércoles, 29 de agosto de 2018

440.- LA MEJOR PINCHE DE COCINA.


No es que haya probado muchas, pero si unas pocas. Quizás seis o siete y no han funcionado, Se cansan pronto de recibir instrucciones, de lavar cucharas de madera, de batir claras, de mirar el interior del horno o quitar la espuma a un caldo.

Conocí a la hermana mayor de esta pinche de cocina hace unos cinco años, y me sorprendió su eficiencia y versatilidad. Por supuesto discreta y silenciosa, aunque en algunos momentos subía el tono, sólo ocurría en situaciones puntuales que lo requerían y siempre se agradecían los resultados de ese barullo controlado.

Hace un par de meses me crucé con esta hermana más joven, más moderna, más en el rollo 2.0, digital y ergonómica. Y me dije que teniendo en cuenta la antigua relación mantenida con su hermana, podría volver a tener la compañía siempre agradable de una pinche de cocina, eficaz y colaboradora.

Y esta vez, me di yo misma ese lujo. 

Y si, me he regalado la nueva Thermomix. 

Antes la usaba exclusivamente para preparar masas y salsas y posteriormente en el bar preparábamos muchos cócteles con ella.

Ahora cocinamos juntas. Hemos preparado gazpachos, vichysoisse, fideuá, risottos, albóndigas, vitello tonnato, limonadas, smoothies, helados, patatas y verduras al vapor...

Ella es TM5 y es limpia y mucho más silenciosa que su antecesora.

Ya os iré contando por aquí sobre los resultados de nuestra alianza.







domingo, 19 de agosto de 2018

436.- MERCADOS, COLOR Y MOOD FOOD.


Siguiendo con la corriente Mood Food, que ya expliqué aquí, se me ha ocurrido que cuánto de color tienen la alimentación y una sana nutrición. Comemos primero con los ojos, antes de llevarnos a la boca cualquier bocado, yo soy de las que lo mira y remira, me gusta saber lo que como y prefiero alimentos verdaderos, puros, sin enmascarar.

Y si nos vamos a fijar en el color de los alimentos, qué mejor que un mercado, un mercado de esos que en algunos pueblos ponen los domingos, mercados en los que los agricultores y ganaderos llevan sus productos y no hay intermediarios. Lugares en los que las frutas y verduras seguramente se recolectaron el día anterior, dónde los huevos son de gallinas que corren libres alrededor de una casa y la leche del queso es de una vaca que tiene nombre.



Y me gusta agrupar los alimentos por colores cuando los compro, es como un orden mental, zanahorias, calabaza, ciruelas y melocotones. Espinacas, lechugas, canónigos y berros. Leche, queso fresco, kéfir y mantequilla. Moras, cerezas y grosellas.




Y en casa colocarlos también así en el frigorífico o en las cestas y fuentes.

A la hora de cocinar hay que mezclar y una buena combinación de colores va a resultar un éxito.

Judías verdes con zanahorias y albahaca. Cocinadas al vapor y servidas con un buen chorro de buen aceite de oliva.



Queso blanco como la nieve, con un coulis de cerezas rojo, como mis labios cuando estoy contenta.

Hojas verdes de espinacas sin tallos, con piñones tostados y panceta crujiente y dorada, un toque de vinagre de Módena y aceite de oliva bueno. Esta ensalada transmite el amor de quien la prepara, huele a hogar y a mimos.

Una crema de puerros con patatas, un poquito de nata y cebollino fresco por encima, ese bonito color blanco roto delicadamente por el verde clarito del puerro. 



Una sopita, preparada con un buen caldo cocinado durante horas, al que le añadimos trocitos de zanahoria, garbanzos, fideos cabello de ángel y unas hebras de auténtico azafrán. 



Y de postre una espuma de chocolate ligera, con unas grosellas naturales y una cremita fina de hierbabuena.

Nos hará felices el paseo, el orden visual de los colores, la preparación y la compañía mientras comemos amor.



Porque la compañía, las sonrisas, las charlas, los colores, los olores, todo ello alrededor de una mesa puesta con amor por quien puede que no sepa cocinar, los platos llenos de cosas ricas por la otra que si sabe cocinar, la que coloca las flores en la jarra, la que se levantará la primera para recoger al acabar, la que llevará una bandeja de pasteles, las siete variedades de aceitunas que se han distribuido por la mesa, la sal y las dos pimientas, el aceite verde dentro de una botella de cristal grueso con su corcho húmedo rezumando olor a olivo, y el pan que se hizo por la mañana con la masa madre que se atesora en el frigorífico y que crece y se reproduce misteriosamente, dando lugar a esos bollitos dorados, con formas distintas y grietas caprichosas.



¿Qué más se puede pedir? Cogerse de la mano y dar las gracias por vivir, por sentirnos, por querernos. 









lunes, 23 de julio de 2018

430.- COCINAR CON AMOR.

Quien me conoce, sabe que me gusta cocinar y que lo hago bien, muy bien incluso. Es una tontería andar con falsa modestia, y más ante una cosa que es fácil de comprobar. Bueno, no tan fácil, tendría que invitarte a comer a mi casa.

El caso es que cocinar puede resultar un auténtico placer, por supuesto, si te gusta comer y si pones las ganas y el cariño necesario para que lo que prepares quede rico. Y se va a notar, porque ahí estás preparando amor y quien lo prueba come también ese amor.

Recuerdo ahora varias escenas de la película "Cómo agua para chocolate", basada en el libro del mismo nombre, de la escritora mexicana Laura Esquivel. Las codornices con pétalos de rosa, son el claro ejemplo de como nuestro estado anímico se refleja en nuestros platos. 



Claro que hay quien pueda decir que le pone mucho amor, pero que como no tiene ni idea de cocinar, siempre le sale mal todo lo que prepara. Y si, eso es cierto, si no tienes ni idea de freir un huevo, cocer una pasta, saltear unas verduras u hornear un pan, pues mejor llamas un Glovo y pones bonita la mesa, que para eso si que no hay excusas.



Pero quien tiene unos conocimientos básicos, siempre puede mejorar, leer un poquito, ver tutoriales en Youtube y poner amor en lo que prepare. Se nota en los pequeños detalles, en como se ha cortado la verdura pequeñita e igual (brunoise), en que los ajitos queden ligeramente dorados y no quemados, en la forma de las croquetas, en un caldo desgrasado, en unos huevos fritos con la puntilla justa, en ese pollo asado del domingo con su piel crujiente y dorada, en la crema pastelera sin grumos, en la canela espolvoreada sobre el arroz con leche, en el caramelo del flan, en el olor de las carrilleras con su toquecito de brandy del bueno, en infinidad de detalles, incluso en platos que no tengan demasiada complicación.

¿Cómo vas a demostrar amor a nadie preparando unos muslitos de pollo congelados con los que elaboras una receta a la que llamas "Pollo a la mala leche"? Definitivamente eso va a ser una receta fallida. Pero si sustituyes el producto congelado por medio pollito de corral, con su higadito, picas pimiento verde y rojo, un poquito de puerro y cebolla tierna, sofríes la verdura y después el pollo troceado, añades un poquito de Jerez y acabas de cocerlo todo con un poquito de caldo de ave o de verduras, la cosa cambia y mucho. Y esto será un "Pollo al cariño", y se notará.



En Canarias hay un dicho que conozco desde siempre y es "hacer las cosas al puñete", y se traduce en hacer las cosas deprisa, corriendo y mal. Y en la cocina podemos y a veces debemos ser rápidas, pero intentarlo ser con recetas que llevan su tiempo por el tipo de preparación y los tiempos de cocción es imposible. Aunque siempre podemos tirar de recetas sencillas y que no requieran tiempos largos.

Cocina con música. Es sorprendente la cantidad de playlists que hay en Spotify para cocinar. 

Cocina con compañía. A mi no me molesta estar sola en la cocina, con mi música y a mi rollo, pero cuando tengo compañía, me encanta y no necesariamente porque hagan de pinche, sino simplemente para hablar, reirnos, cantar y bailar. ¿Por qué no?

Yo hace años que no hago croquetas por una promesa que me hice a mi misma, preparo la masa, pero me niego a envolverlas. Tuve yo una época que cuando las preparaba no bajaba de 100 unidades. Así que un buen día me dije "adiós croquetas". Llama a La Cocinera.

Pero a lo que iba con el tema de la compañía en la cocina, imagínate envolviendo 100 croquetas, pues eso, muchísimo más ameno tener a alguien al lado que te ayude, en el mejor de los casos, o que al menos escuche tus quejas y arrepentimiento sobre la recaída croquetil.


Bueno, y con esto de la cocina, también quiero nombrar al especimen que cada vez circula más por cocinas privadas de buen nombre y que se dedican a decir que lo de cocinar es una pérdida de tiempo, que con cualquier ensaladita y filetito a la plancha van sobrados o sobradas. Pero cuando ven una croqueta, un flan o un estofado, se lanzan en plancha, y ya no te digo si el platazo es un cordero asado o un solomillo "Wellington", entonces se les tuerce la boca como si fueran a sufrir un ictus, y los ojos les giran como a Marujita Díaz. Y si les preguntas, ¿qué, quieres probar un poco?, caen en trance, como Santa Teresa, la de las yemas y el vivir sin vivir en ella.

En fin, estas y estos, son los carotas que siempre llegan con hambre y sin vino, y se van al borde del colapso intestinal y borrachos.

A propósito de estos, os dejo por aquí el felpudo que he elegido para la entrada de mi casa. 
Me está apeteciendo mucho retomar la costumbre de escribir posts sobre cocina y cocinitas. Aunque sólo sea para que mi parte hater, pueda poner de vuelta y media a los y las foodies cansinas que no tienen ni idea de lo que es un tournedó, un huevo de rey, un lumache, una velouté o unas carajacas.

Porque la moda del comer por la cara, por el Instagram, por el número de seguidores en cualquier red social, se intenta seguir ordeñando, y aunque ya muchas hosteleras y hosteleros se niegan a ese tipo de publicidad influenciadora, que es pasajera por lo poco especializada. Hay muchas que siguen haciendo de sus opiniones, cargadas de desconocimiento, su cesta de la compra gratuita.

Pero sobre esto último, escribiré pronto. Porque bien merece un post exclusivo.