Lola y yo nos hemos trasladado a Gran Canaria, isla en la que nacimos las dos y de la que hemos estado alejadas físicamente durante seis años.
Se nos hace un poco extraño vivir aquí, después de haber estado en una ciudad como Barcelona, a la que echamos de menos, igual que a las personas que allí hemos conocido y a las que seguimos queriendo y ahora extrañamos.
Pero el cambio era necesario y agradecemos inmensamente el apoyo de las personas que aquí nos han recibido con los brazos y el corazón abiertos.
Este post viene al caso, porque en algo más de un mes, me he dado cuenta de, con cuantas cosas innecesarias vivimos, cuantas cosas compramos sin realmente necesitarlas y como almacenamos sin parar objetos, que sólo contribuyen a reducir nuestro espacio vital.
Me vine con un par de maletas medianas y el transportín de Lola.
Esto puede parecer cómico, pero es cierto. Ahora mismo tengo dos blusas, cuatro camisetas, tres pantalones y dos vestidos. Ocho braguitas, dos sujetadores y una toalla. Un pañuelo, un foulard y un cinturón. Un neceser con cosméticos y productos de higiene, una bolsita con las cositas de Lola y mi portátil. Un bolso, dos tote bag y una mochila. Dos pares de zapatos y tres pares de calcetines. Mi agenda, un par de cuadernos, stickers, bolígrafos, lápices y rotuladores. Mi móvil.
Y si, eso es todo. Esas son mis pertenencias aquí, de momento.
Por supuesto, que sé que pronto todas mis cosas estarán aquí de nuevo, voilviendo a ocupar muchísimo sitio, y también sé, que me desharé de muchas de esas cosas. Estoy pensando en hacer un "brunchmarket" o "vermutmercadillo" y así dar algo de rentabilidad a muchas cosas que yo no necesito y que pueden ser utilizadas por otras personas.
Cuento todo esto, para que entendamos que se puede vivir feliz con lo justo y necesario y que eso nos puede ayudar a disfrutar de otras cosas que no ocupan lugar físico y que probablemente nos llenen de mucha más satisfacción que la ropa, los bolsos o los zapatos.
No obstante, no voy a dármelas ahora de asceta y negar que no echo de menos algunos de mis trastillos, de mis antojos y de mis compras.
Y echo de menos mi cámara de fotos porque de vez en cuando me gusta salir a fotografiar el día a día. Mis kimmidoll, tan exóticas ellas y que recuerdan que no me olvide de viajar a Japón, mis revistas "Flow", mi bicicleta y mi lámpara "favourite things".
Cositas que ocupan sitio, físico y emocional también.