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viernes, 6 de enero de 2012

51 - SOLICITUD DE DISPENSA (VERSIÓN CORREGIDA)



PIDO DISCULPAS A LA APIA, PORQUE ELLAS SON ÚNICAS.

Cuando en agosto del ya pasado 2011 comencé a escribir este blog lo hice sobre todo por aburrimiento, aunque no voy a negar mi parte narcicista y exhibicionista, que para estos menesteres creo yo que es algo que en mayor o menor medida siempre tenemos.
Me había pasado más de un mes visitando blogs, sobre todo de moda, y me imaginé a mí también haciendo posturitas delante de la cámara, poniendo caritas y enseñando el contenido de mi amplio vestidor.


Me compré una cámara réflex y me puse a esto con mucho interés y cierta verguenza.
Y alguna vez imaginaba que me invitaban a alguna fiesta, desfile, cocktail o cualquier otro evento al que van las blogueras de pro.
Pero no me han invitado a nada, qué le voy a hacer.
En estos meses, he descubierto a las egoblogueras, y ya se que son una especie en constante avance, se multiplican por dóquier y se nutren unas de las otras. Las hay que solo ponen sus fotos y al final del post del día añaden la procedencia de la ropa y complementos que llevan, otras además de las fotos y las reseñas de turno añaden texto de su mente y letra, y es aquí donde se queda una patidifusa (me encanta esta palabra).

Grandes textos, profundos, morfológicamente perfectos y ortográficamente impecables; escritos que pasarán a la historia de la moda y de la cultura en general.

Grandes momentos repletos de inteligencia, elegancia y espontaneidad, que me transportan a un estado espiritual elevado.

Ejemplos de cordura, sensatez y madurez. Modelos también de humildad y mesura en las formas.
¿Qué más puedo decir de esta tribu cyberurbana que influye en nuestros comportamiento, moda, gestos, poses y en tantas cosas relevantes en nuestras vidas rampantes?

Y como siempre que se observa tanta maravilla junta, pues tiene que llegar alguien para fastidiarla, ya saben ese tópico de que la envidia es el deporte nacional, pues es cierto en esto que me ocupa hoy. Las egoblogueras han creado, sin proponérselo, un monstruo inmenso, la APIA (Asociación de pseudointelectuales anti Egobloggers. Es un apostolado precioso, de llorar bastante, protagonizado por mujeres de físico portentoso, pelirrojas en el alma e intelecto pseudo intelectual. Su crítica también comprende actitudes sociales, como decir ¨que aproveche¨).Y este enorme monstruo envidioso (hembidioso), está dotado de innumerables brazos a modo de tentáculos que van llegando cada vez más lejos y a más gente, contaminando el bonito y feliz mundo egoblogueril, al que tanto debemos las que somos como Dior manda.

Blogs como el siguiente, con un alto riesgo de contagio para quienes somos mejores personas después de conocer el universo perfecto de las egoblogueras:
 Y como un virus, se extiende implacable e inexorablemente y yo que siempre he sido de defensas bajas, me he contagiado y esto ya no tiene vuelta a atrás.


He sucumbido a la APIA y al movimiento antimaleni y después de tanto pensar he decidido que como no puedo con el enemigo de mis admiradas, queridas e imitadas egoblogueras, tengo que unirme al grupo de las hembidiosas, no me queda otra opción, y ya lo siento, porque yo quería hacer posturitas, sonreir a la cámara, fotografiar mi vestidor (que yo si tengo VESTIDOR), que mi pareja fuera mi trípode, saltar en un charco de agua con unas Hunter (que no tengo por razones obvias) y asistir a fiestas de las de canapé, champagne y bolsita de regalos.
Pero no va a poder ser y por eso este post, en el que solicito a la APIA una dispensa, que me permitan entrar en sus filas aunque de vez en cuando salga en alguna foto, diga de donde es mi ropa, me apunte a glosssybox y prepare cupcakes.

Ofrezco fidelidad a los principios apiales, porque no me queda otra, no soy rubia, no tengo mechas, utilizo una 42 y no siempre llevo tacones, yo quería ser aspirante a glamourbloguera, pero no he podido, así que a partir de ahora me retiro a la caverna triste y oscura que es la APIA, donde no hay diversión, donde la triste realidad invade todo y la resignación es el pan de cada día.

Cálices con gintonics, lentejas y arroz con leche.

Nada de cockteles con campari, cánapes de salmón al aroma de eneldo ni coulant de chocolate de Zanzíbar con vainilla bourbon.

Siento infinitamente y sobre mi conciencia, mi corazón y mi pecho queda un gran peso difícil de aligerar, espero que sepan perdonar esta deserción de unas filas a las que jamás pertenecí realmente.
Espero que las señoras de la APIA valoren mi solicitud y la acepten, nadie es perfecta, pero intentaré hacer los méritos necesarios, porque yo necesito pertenecer a algo, se que cometeré errores, pero conozco la magnanimidad que las asiste y eso será mi sostén.
Espero prontas nuevas apiales.

PD: SER DE LA APIA NO SIGNIFICA PONER A PARIR A NADIE, ES OTRA COSA QUE SOLO UN PEQUEÑO Y ELITISTA GRUPO COMPRENDEMOS.
¡YA ME HAN DADO LA DISPENSA!