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martes, 24 de junio de 2025

598.- ARTE Y POLÍTICA.


El Jardín de las Delicias.  El Bosco


Sí. En este post escribo sobre Arte y Política, y sé que habrá quien se lleve las manos a la cabeza y se desahogue soltando "cuñadismos".

Hay personas que no saben y no entienden que la Política está en todas nuestras acciones y decisiones. En la comida que nos alimenta, en la ropa que compramos, en los libros que leemos, en las películas, series y documentales que vemos, en las relaciones que establecemos con otras personas, de amistad, profesionales, sexuales, emocionales y de pareja; en el tipo de educación que damos a nuestros/as/es hijos, hijas e hijes y en la forma de pertenencia a nuestra cultura.

Aristóteles, alrededor del año 350 a.C. ya consideraba que el hombre (espero que refiriéndose a hombres y mujeres) es por naturaleza un animal político y que las personas no debemos ser consideradas como individuos particulares, sino como seres sociales.

La obra más representativa de Aristóteles, La Metafísica, reflexiona sobre el porqué de las cosas y sobre lo que significa existir. Y todo ello también es política.

Sin duda, definir este concepto es muy complejo, tanto como pueden serlo otros como amor y libertad. Y debe tenerse siempre en cuenta el contexto, la subjetividad y la ideología de la persona.

Siguiendo con la Teoría Aristotélica, dónde existan dos o más personas ya podemos hablar de política como la necesidad de establecer normas de convivencia, límites y deberes comunes.

Pero además, y volviendo a la política interseccional que atraviesa nuestras vidas y obviando la idea comunitaria y social de Aristóteles, la política es también una parte fundamental de la conciencia y la responsabilidad humanas.

Política social y política individual. Porque sin una conciencia política individual, difícilmente podemos considerar una política social.

Y el Arte.

Según la RAE, el arte es una manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real e imaginario con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Evidentemente, esta definición no es la única y actualmente podemos hablar de otro tipo de recursos, además el concepto de desinterés que se le atribuye al arte no es ni correcto ni adecuado. Vivir del arte es un arte, y no solo en el sentido económico, sino también como fuente de placer y felicidad.

Desde la Prehistoria el arte ha formado parte de la vida humana, representando emociones sentimientos y percepciones.

En el siglo XVIII se establecen las Bellas Artes, considerando estas seis: Literatura, Pintura, Danza, Escultura, Música y Arquitectura. Y en el siglo XX se añadieron el Cine, la Fotografía y el Cómic.

Se considera que el arte tiene unas funciones propias, estética, expresiva, comunicativa, educativa, terapéutica y social.

La clasificación de las Bellas Artes se realiza con la finalidad de diferenciarlas de la artesanía y de otras manifestaciones culturales. Pero, ¿Dónde está ese límite? ¿Quién establece la diferencia?

Y ¿Cuál es la relación entre el Arte y la Política?

Se me ocurrió escribir sobre este tema a raíz de la viralización en RRSS de este texto atribuido al escritor estadounidense Paul Auster.




Antes de escribir este post he investigado sobre la autoría del mismo, y no pertenece a ninguno de los libros de Auster. Sin embargo, parece probable que sea un extracto de una de sus charlas. Está claro que este breve texto debería ser contextualizado, tanto en el momento histórico como ante el público en el que se realizaron estas declaraciones.

Habla principalmente de una función espiritual que también se puede atribuir al arte, de la necesidad de las personas de expresarse a través del mismo, de su pervivencia y diversidad.

Este texto aparece en RRSS repetidamente y posiblemente siguiendo una pauta algorítmica a partir del 17 de mayo de 2025, fecha de la final del Festival de Eurovisión y tras las controversias surgidas para la prohibición de la participación de Israel en el certamen.
Además, también fue después de las declaraciones de la representante de España  en las que tras una pregunta sobre su opinión de este tema dijo que ella de política no hablaba.

"El arte no va a transformar de inmediato la sociedad. Ni va a evitar que los niños sufran hambre, en ese sentido es inútil. El arte sirve otra función, de tipo espiritual".

Estas tres primeras frases, en el momento sociopolítico que vivimos desde que Israel practica un genocidio y limpieza étnica contra el pueblo palestino, son demoledoras. Y no tiene  nada que ver con el momento en el que, supuestamente, Paul Auster las pronunció en una charla y que ni siquiera hablara sobre el tema sionista o sobre un genocidio o una guerra. No sabemos de qué hablaba.

No es casual que algo así sirva a intereses que apoyan al genocida Netanyahu, a los sionistas y a los países cómplices.

Es terrible que se haya compartido este texto cómo si fuera verdad absoluta, como si no fuera refutable, sólo por el prestigio y el reconocimiento artístico literario de su autor. Porque Auster, siendo un magnífico escritor, no tiene la verdad absoluta y porque ni siquiera está probado que sean palabras suyas, y aunque lo fueran, insisto, se desconoce el contexto, y desde luego sabemos que no son actuales.

El arte tiene una función social y es capaz de mover enormes cantidades de dinero. Los y las artistas tienen la libertad de invertir sus beneficios económicos o parte de ellos en causas justas que ayuden a colectivos y poblaciones vulnerables y desfavorecidas.

El arte sí puede evitar que los niños y las niñas mueran de hambre, el arte sí puede apoyar a los movimientos de liberación de Palestina, y sí puede disminuir el sufrimiento de personas que son asesinadas por el sionismo israelí.

Es terrible que ese texto se haya compartido en RRSS como una excusa para no declararse en contra del genocidio practicado por Israel contra el pueblo palestino.

Y por otra parte, quienes lo hicieron como defensa a la participante española en el Festival de Eurovisión de este año, han conseguido un resultado delirante y esperpéntico. Primero porque el contenido artístico de la propuesta es nulo, segundo porque la ignorancia del personaje es obvia y tercero porque hay muy mala fe detrás de todo este tinglado que parece un circo de primates.

Si no quieres hablar de política, si no quieres participar de ella, si no te quieres mojar ante los hechos atroces que los sionistas israelíes están realizando en Palestina. Vete a otro planeta.

La imagen ya de por sí ridícula ha pasado a ser también cruel y carente de empatía y compromiso social. 

No todo el que se llama a si mismo/a artista lo es. Y no todo lo que se denomina arte lo es.

Ni siquiera aquellas/os auténticas/os artistas que en nombre propio o en nombre del arte han cometido o han apoyado atrocidades merecen respeto por su obra. Porque no se puede separar la obra de la persona. 

Si has abusado de una menor, como persona eres deplorable y tus películas me interesan nada, no voy a ver tu cine, no voy a contribuir a que sigas enriqueciéndote.

Si has escrito la saga de libros para adolescentes más vendida de la historia, pero eres una tránsfoba, no voy a leer tus libros ni a comprar objetos de merchandising ni a ir a parques temáticos, porque no quiero contribuir a tu enriquecimiento que deriva en tu obsesión de hacer daño al colectivo transexual.

Si pintaste un cuadro que es una obra maestra de la representación de la guerra injusta  que hizo víctima a todo un pueblo y que sigue siendo referente del antifascismo europeo, pero resulta que eras un machista abusador y maltratador. Pues dejemos el cuadro en el museo, pero no ensalcemos cualidades personales de un ser despreciable.

Y si todo esto se hace, porque se puede hacer, sin quemar libros ni cuadros, cómo no vamos a poder apagar la televisión para ver un concurso decadente en el que participan países que apoyan un genocidio y en el que cantan personas con ningún compromiso social y a las que solo les mueve el interés económico y espurio.

No todo lo que nos presentan como arte es arte. No todos los que se llaman artistas lo son.

Pero más importante aún, el arte de verdad, también está atravesado de forma interseccional por la política. 


Saturno devorando a su hijo. Francisco de Goya



miércoles, 23 de noviembre de 2022

579.- EL CUENTO DE LA CRIADA


Quinta temporada ya de El Cuento de la Criada.

Si no habéis visto ninguna de las temporadas ya emitidas y la tenéis en cosas pendientes, podéis leer mis post's anteriores para poneros en situación.

2017 aquí

2018 aquí

Ninguna de las temporadas me ha defraudado. Sigo pensando que esta serie basada en el libro distópico de Margaret Atwood es una obra maestra en la que además del  guion cuenta con la fantástica dirección e  interpretación de Elisabeth Moss.

Cualquier nación actual puede convertirse en una Gilead, la eclosión de partidos fascistas en muchos lugares del mundo es innegable y sus acólitos y acólitas se multiplican de forma exponencial. No hay duda de que todo ello es fruto por una parte del fracaso del capitalismo cubierto por una fina capa de democracia  y estado del bienestar y por otra parte del fracaso de la educación de las nuevas generaciones, más preocupadas por la imagen que dan en las redes sociales que por el conocimiento y la curiosidad por el saber.

Aclaro que creo que estos pensamientos se dan tanto en gente joven como en gente mayor.

La interseccionalidad al estudiar muchos de los temas fundamentales en nuestra sociedad debería ser obligatoria, no se pueden tratar y solventar muchas problemáticas actuales si no se reconoce que la diversidad social requiere de tratamientos diferentes porque las personas somos distintas y aunque deberíamos tener derechos iguales, la forma y consecución de los mismos no puede ser la misma.

El respeto a la diferencia es lo que nos lleva a la igualdad de oportunidades y al reconocimiento de los derechos fundamentales de cada ciudadano y ciudadana de este complejo y caótico mundo.

El concepto de interseccionalidad no debería utilizarse para otro cometido que el estudio de la diferencia para conseguir igualdad.

Pero si reflexionamos sobre temas como el cambio climático, las pandemias, la igualdad real entre mujeres y hombres trabajada desde el feminismo para acabar con el machismo y el heteropatriarcado, la plena consecución de derechos de las personas que pertenecen a los colectivos LGTBIQ+ y la migración, entre otros.

Al realizar esta reflexión se produce un hecho real y cada vez más frecuente y es que el catetismo también es interseccional. Tristemente es así.

Hago un paréntesis para explicar que cuando yo hablo de catetismo no lo hago refiriéndome a la acepción de la RAE de persona de pueblo. Yo lo digo para señalar a esas personas que se regodean en su ignorancia, que les encanta no saber y se enorgullecen de ello. Y por si eso no fuera suficiente, emiten juicios que consideran acertados como enseñanzas. 

Y existe un catetismo interseccional. Me explico.

Las personas que niegan la importancia que las vacunas han tenido para frenar la virulencia de la COVID, o que niegan que exista la violencia de género, o que piensan que el cambio climático es una invención de Greta Thunberg y tres amigas suyas, o las que piensan que las feministas somos cuatro chifladas que nos ponemos camisetas violetas.

Pues no son casos individuales, me refiero a que si eres antivacunas también eres antifeminista y consideras que el cambio climático es un mito. Y así con todo aquello que actualmente deteriora las bases de nuestra sociedad.

Y por eso yo lo considero catetismo interseccional, porque cada una de esas patochadas no van solas e independientes, sino que atraviesan muchos o todos los graves problemas que sin duda existen.

Por poner un ejemplo, el iluminado o la iluminada de turno en la cena de Navidad que en su vida se ha leído un libro, que no estudió porque siempre valoró más la educación de acera y banco de parque y habla como si fuera científico/a de la Nasa y nos dice que la COVID no existe, que es un invento de los reptilianos/as, que el cambio climático es un mito y que si vamos a la Antártida veremos como los glaciares no se están derritiendo, que Trump es el salvador del planeta y que las feminazis son una plaga de histéricas que necesitan un falo.

Catetismo interseccional. Y en este concepto se mezclan la realidad y la ironía.

Y si, yo estaba escribiendo de la quinta temporada de El Cuento de la Criada. Pero  todo esto tiene mucho que ver con esa nación despiadada, ignorante, fascista, machista, corrupta que en la serie se llama Gilead y que llega a esos niveles terroríficos porque no se paró a tiempo a esa gente que transmitía mensajes de odio continuamente, porque no se pensó que con educación y por supuesto con la prohibición de  los mismos podemos intentar conseguir naciones coherentes, vidas felices, personas diferentes con igualdad de derechos.

Hay quien se dedica a recoger firmas para que perros y perras no puedan pasear por la puerta de su casa, pero cuando se habla de prohibir símbolos fascistas entran en cólera y dicen que dónde queda su libertad de expresión.

Volviendo a la serie.

Otra de las cosas en las que esta temporada de El Cuento de la Criada me ha hecho pensar es en la empatía.

Como trabajadora social y docente debo entonar el mea culpa y reconocer que en estas profesiones se nos llena la boca con la palabra empatía, con la importancia de ser empáticos o empáticas. 

Y si es cierto que es importante, que para comprender la situación de otras personas no debemos hacerlo desde la nuestra, que es necesario entender esas situaciones diferentes para poder resolver problemas. Pero eso no significa que nos convirtamos en alguien que no somos, o que debamos entender situaciones que no son comprensibles. Porque las hay reprobables, ilegales, vergonzosas, peligrosas y tóxicas.

Debemos saber cuando la empatía es necesaria y cuando quien nos solicita empatía nos está manipulando.

En esta temporada de la serie se dan la vuelta muchas cosas que ocurrieron en las temporadas anteriores. No quiero ser muy explícita para no hacer spoiler.

Pero puedo poner un ejemplo. 

Si un hombre viola a una mujer, yo no puedo ser empática con ese hombre cuando me cuenta que el viola mujeres porque de pequeño fue maltratado física y psicológicamente por su padre.

Si ese mismo violador tiene un accidente grave y necesita auxilio y pasa por allí la mujer que el violó, y a pesar de todo lo ocurrido y del daño infligido ella le presta ayuda, esto no se trata de empatía porque ella nunca podrá ni querrá ponerse en el lugar del violador. Ella le presta ayuda porque reconoce el respeto a la vida y a los derechos fundamentales de las personas y porque además ella no es él. Afortunadamente nunca será él.

Y no se trata de un acto de ejemplaridad, de tú eres un violador y yo soy una samaritana, no, se trata de que yo nunca seré cómo tú.

Y hasta aquí llego con El Cuento de la Criada. Totalmente recomendable.