La nostalgia esa de "cualquier tiempo pasado fue mejor" me enferma. La nostalgia es la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.
No quiero que nadie se lleve a error y pueda pensar que no respeto el recuerdo de la vida vivida con las personas que ya no están, la alegría y el dolor al pensar en aquellos y aquellas a quienes quisimos y nos quisieron y la muerte se las llevó de nuestro lado.
Yo hoy en este post quiero escribir sobre ese estado perpetuo de algunas personas, sobre la nostalgia que tienen algunas sobre cosas y estados que perdieron y que se empeñan en recordar, evocar, narrar y aburrir hasta extremos soporíferos.
Ese tipo de nostalgia cansina y aburrida es como oler la propia mierda y revolcarse en ella.
El empeño puesto en mantener vivo el recuerdo de una cosa y del estado de divismo al que se sentían transportadas es tan absurdo como el pretender conservar un bacalao encima del armario de la ropa de casa.
Y no hablo de la sección de neurología del hospital Monte Sinaí, sino de cositas prosaicas que pueden alegrar unas horitas e incluso ratitos de la vida de quienes se conforman con poco.
Lo deseable es ser y convertirnos, y recrearnos día a día. Costruirnos y deconstruirnos cuantas veces sea necesario y deseemos.
Permanecer es el fracaso, y por muchas palmeras que aplaudan, la cabezonería de la inmovilidad mental solo conduce a la infelicidad.
Pensar y creer que algo divertido y agradable cambió una época e incluso a una generación no es más que petulancia e ignorancia.
Y todo esto viene al caso, porque es muy aburrido llevar escuchando durante más de quince años la misma canción desafinada.
Gracias compañeras blogeras, lectoras fieles y amigas adeptas. Gracias por leerme y visitarme y permitirme momentos escatológicos como este.